Lejos de convertirse en un medio obsoleto o arcaico, la
radio es el medio de mayor difusión dado por las características que presenta
como la inmediatez, instantaneidad y simultaneidad, el sentido de compañía que
produce y es que lo que transmite siempre está dirigida a alguien, hacia el
otro, ese arte de la radio que encuentra condiciones de satisfacer una
necesidad cultural-social-humana real.
Es propicio para el tratamiento de este ensayo delimitar
los factores que intervienen en este fundamental proceso comunicativo y los
espacios en los que estos elementos interactúan, basados en la coyuntura de las
comunidades.
Empezaremos pues por la muy mencionada audiencia, un
término abstracto que ha evolucionado de manera constante durante décadas. A
modo de introducción general, puede definirse como: el conjunto de individuos
que forman parte de un colectivo que por unas circunstancias similares reciben
un estímulo (entretenimiento, información o educación) por medio de un canal
(por ejemplo, la radio) dentro de un contexto y tiempo determinados. Las
apreciaciones sobre el concepto, no obstante, son innumerables, por lo que es
conveniente citar algunas definiciones referenciales.
“El concepto de audiencia se refiere al conjunto de
destinatarios potenciales y reales a los que se dirige la emisora con su
programación y en muchos casos con la información. Pero no puede tomarse como
algo monolítico. Es preciso referirse a múltiples variables imprescindibles
para plantearse la información como un servicio a las mismas de tal manera que
no puede hablarse de audiencia en un sentido unitario sino de la diversidad de
audiencias a las que se dirige la radio por la fragmentación producida y por
las peculiaridades de cada grupo” (Cebrián Herreros, 1995: 221).
Cebrián Herreros (1995) apunta, por un lado, el carácter
poliédrico de la audiencia ya que ésta está compuesta por infinidad de grupos
fragmentados con características biológicas, sociales y económicas comunes, y,
por otro lado, la composición potencial y real de la misma.
Ambas características están corroboradas por otros autores,
como Merayo (1992: 150-151) “La audiencia de una emisora de radio es la relación que
-medida en términos de escucha- se establece entre uno o varios productos
radiofónicos difundidos por dicha emisora durante un determinado período de
tiempo y el conjunto, potencial o efectivo de hogares o individuos
heterogéneos, dispersos, variables y anónimos receptores de tales mensajes”.
Los avances técnicos y aplicaciones tecnológicas que se han producido en
el ámbito radiofónico, no sólo inciden en las dinámicas productivas, los
mecanismos de gestión y almacenaje o la multiplicación de canales de difusión y
recepción, sino que también lo hacen, de igual manera, sobre la fragmentación
de los consumidores, en este caso, la audiencia (Martí, 1990; Zallo, 1988).
En
otras palabras, la transformación tecnológica de la radio en la actualidad
incide de manera directa sobre la composición y disposición de su audiencia.
“En los últimos años y en otros campos del consumo de bienes y de
servicios se está produciendo una fragmentación y por tanto una
reestructuración de los grupos sociales” (Martí, 2001: 189).
De este modo se
han vivido tres fases diferentes de transformación en función de la evolución
radiodifusora y contexto tecnológico durante los más de setenta y cinco años de
historia del medio.
En este contexto, que se ha mantenido hasta la irrupción
de las nuevas tecnologías digitales en el panorama radiofónico, se comienza a
atribuir a la audiencia el adjetivo de heterogénea, al definirse grupos de
oyentes con inquietudes y afinidades diferentes al conjunto homogéneo.
Ahora bien, desde
que la radio apareció en
nuestro país, ha jugado un papel muy
importante y nos ha acompañado a lo
largo de nuestra historia, sin embargo actualmente este medio están debilitado,
los principales pilares de este medio se encuentran fuertemente golpeados por
el carácter comercial-mercantilista que las radios han adquirido en los últimos
años, bajo la consigna esquiva de la libertad, se trafica con el sueño de
Marconi.
Es entonces que basamos nuestros cuestionamientos respecto
a este tema formulándonos las siguientes preguntas: ¿Qué nos depara el futuro
radialista en nuestro país? ¿Qué espacios potencialmente acogedores encuentra
la radio? ¿Estamos fortalecidos para desarrollar una relación estrecha con la
radio? ¿Vincularnos a un medio como un socio estratégico resulta posible para
una comunidad? ¿Se puede gestionar una radio de manera positiva sin traficar
con las audiencias? ¿Podemos valorar a nuestro éxito en calidad en vez de en
cantidad?
Todas estas interrogantes nos llevan a analizar la problemática de la radio, que no solo atraviesa nuestro país,
sino que es un problema más específico. Un problema que recae especialmente en la falta de espacios radiales creativos
y en la óptima utilización de sus
elementos , que involucre un
sistema de inclusión y cooperación de todas las radios del país,
porque hablar de radio no es solo fijar nuestro atención en las radios de cobertura nacional, sino incluir
en el proceso de cambio a las radios comunitarias-locales, generando mayores espacios de participación ciudadana
y tomando nuevas perspectivas de
cambio , que fomenten procesos de dialogo e inclusión , y junto con
ello el consumo radial en beneficio del
desarrollo a la sociedad.
Los gestores de radio, los que están en cabina o en las
calles difundiendo una información
necesaria son los mismos que deberían provocar y lograr la participación
activa y consciente de los pobladores. Nos equivocamos cuando
dirigimos nuestra mirada hacia la búsqueda de normatividad que obligue a los
responsables radiales para generar espacios de empoderamiento, ya que las leyes
y las normas deberían en su máximo accionar brindar un marco legal propicio
para el desarrollo de la actividad radiofónica, pero sin hacer que pierda la
libertad que la caracteriza.
Básicamente nuestro análisis se centra en que siendo la
Radio un ente que funciona por y para la
sociedad , debe por tanto buscar el mejor camino para llegar a los diferentes
grupos humanos, audiencias (dinámicas y heterogéneas) haciendo uso del
principio de los recursos que en su criterio crea conveniente.
A través de las radios comunitarias los sectores
marginados tienen la posibilidad de ser escuchados, manifestar sus ideas,
problemas, consolidar identidades, formar ciudadanía, desarrollan conjuntamente
capacidades y recursos para controlar su situación de vida, para lograr la transformación
de su entorno según sus necesidades y aspiraciones logrando el empoderamiento.
Es decir, es la facultad o proceso en el que los miembros de una comunidad adquieren
la capacidad para poder administrar y tratar de solucionar las problemáticas que
los aquejan bajo responsabilidades asumidas libre e independientemente.
Esta concepción evita la visión paternalista de sujetos
vulnerables por la de sujetos con derechos y poder; entendiendo al mismo como
la posibilidad que tiene la comunidad de reconocer y usar sus recursos,
desarrollar nuevas capacidades, lograr las transformaciones necesarias, hacer
valer sus derechos ciudadanos.
"No se puede escindir la psicología comunitaria
de la política, no se puede cercenar la política de la economía y no se puede
separar la política de la constitución de movimientos sociales, partidos políticos
si cabe hacerlo y de la militancia, porque no se puede hablar de política sin hablar
del poder y no se puede hablar del poder sin plantearse su apropiamiento” (Saforcada,
2011).
El proceso de empoderamiento según Zimmerman (2004) se
manifiesta en tres niveles: por un lado, hace referencia a un nivel material
(acciones, asociaciones y recursos obtenidos, etc.); a la nivel mental
(sentimientos, motivaciones, identidad, valoración); y nivel político
(ciudadanía, sujetos de derechos y obligaciones, derecho al voto, a participar de
la vida política).
Durante el desarrollo de nuestro aprendizaje radial,
hemos conocido como en América Latina se han ido desarrollando diferentes
experiencias comunicativas radiales fuertemente ligadas a las luchas sociales y
en la búsqueda de mejoras para las comunidades estas afirmaciones están ligadas a los procesos de concientización y empoderamiento
promovidos por distintos movimientos y actores sociales. Sin embargo es vital cuestionarnos
si esa expansión es acompañada de una integración social efectiva de esas
comunidades y cuál es el lugar que ocupa la radio comunitaria en esos ámbitos
ya que no todo lo que aparece como integración, lo es. Existe una faceta
simbólica que pareciera acortar las distancias entre sectores sociales favorecidos
y otros marginados que nos inquieta y que nos motiva a investigar.
En entonces menester brindar propuestas ante los retos
que el quehacer radialista debe prever y poner en práctica en estos años
decisivos, considerando el avance de las tecnologías y la posibilidad emplear
estas herramientas para lograr un mejor desarrollo de esta actividad.
PROPUESTA
Pensar la participación y la comprensión en la
comunicación implica reconocer a los sujetos como sujetos críticamente activos,
una característica de vital importancia en la actividad radialista, puesto que
hoy en día nos encontramos frente a esos sujetos activos. Las personas,
miembros de una comunidad desarrollan fuertemente su carácter protagónico
cuando asumen las situaciones como propias, es decir cuando sienten las
acciones de cambio, como propias.
Estas aseveraciones nos ponen frente al principal reto y
objeto de nuestra propuesta de gestión radial: “Una Red de Radios Comunitarias
Gestoras del Cambio”. Esta propuesta está basada en los puntos antes expuestos
y encuentra sostenibilidad en el proceso comunicativo a futuro.
Las radios Comunitarias desarrolladas bajo la
singularidad y particularidad de las comunidades en las que interactúan, pueden
asociarse de manera horizontal en una red que posibilite facilidades para
compartir experiencias de gestión de audiencias, así como también las
posibilidades de financiamiento viables que se logren y que aseguren la
independencia de sus espacios.
Esta Red debe estar vinculada al que hacer radialista
mencionado anteriormente, es decir sustentado en la participación de la ciudadanía
como agente protagonista en la búsqueda de soluciones frente a sus problemas.
Generando entonces un empoderamiento real y de carácter estructurado, es decir
que conforme se desarrolle el proceso comunicativo nuevas generaciones acojan
esta posibilidad como suya.
En los distritos de nuestra región donde la cobertura por
parte de otros medios es escaza la radio emerge como el principal aliado para
lograr una participación activa, dinámica y democrática, que contribuya de
manera objetiva y real a lograr objetivos plurales.
Asumidas estas intenciones es también necesario generar
un despertar creativo en los responsables de estas radios comunitarias puesto
que en ellos está la posibilidad de generar un cambio en su forma de
estructurar los programas y la capacidad de llevarlos a la población, en este
tiempo se puede ir mas allá de una radio estática limitada a un espacio de
monitoreo de puntos de audiencia, como la calle
e incluso las casas de las familias, centros de trabajo y lugares de
acercamiento constante. Los formatos establecidos también urgen de una visión crítica
que desencadene un nuevo pensar respecto a las formas y contenidos, centrándonos
en las variables que deben caracterizarlo, dinámica, entretenimiento, sensibilización
y sobre todo participación.
Nuestra RED también establecerá pilares radiales
que los miembros deben asumir e identificarlos como suyos. Es de esta manera
que se podrá organizar y gestar mejor el quehacer radialista en nuestra región y
país, a través de los diferentes espacios geográficos y coyunturales.
Carlos,
ResponderEliminarAportante tu itinerario, recurrente tu propuesta, algo débiles las referencias de tus fuentes.