LA RADIO COMUNITARIA COMO HERRAMIENTA
PARA EL DESARROLLO DE LAS COMUNIDADES
INTRODUCCIÓN
La radio
podría ser el sistema de comunicación pública más maravilloso que se pueda
imaginar, si fuera capaz no solo de transmitir sino también de recibir,
permitiendo así que el oyente además de escuchar, hable
Bertolt Brecht, 1930
En un mundo donde la globalización era el coto
vedado de una minoría urbana letrada con acceso a los periódicos y a los
libros, las primeras emisoras regulares de radio en los años 20 hicieron
posible imaginar que el medio pudiera convertirse en el verdadero “maravilloso
sistema de comunicación pública” concebido por Brecht. De hecho la radio
origino un cambio radical en la naturaleza de la comunicación social. Con
frecuencia esa transformación fue democrática, pero tuvo también su lado
oscuro. Poco más de una década después de las primeras estaciones de radio
empezara sus emisiones. Adolfo Hitler hizo uso efectivo de la radio para
impulsarse hasta el poder.
La radio se desarrolló de maneras muy diversas en
diversas partes del mundo. En Estados Unidos la competencia y el espíritu de
lucro fueron la norma. En Europa y en sus colonias, la radio fue sujeta al
control estatal centralizado. Y América Latina desarrollo una ensalada
radiofónica de estaciones estatales privadas, eclesiásticas, universitarias, de
intereses especializados y pueblos indígenas.
Con el paso del tiempo los modelos se
entremezclaron y cambiaron. La radio comercial surgió en el occidente y luego
en el este de Europa. La radio pública paso a formar parte de los medios de
comunicación en Estados Unidos. En África, muchas de las redes nacionales están
en vías de descentralización, adquiriendo nuevos objetivos, como el desarrollo,
la educación y la participación comunitaria.
De todas maneras al acercarnos al fin de siglo la
radio parece estar en decadencia. Eclipsada por otros medios. En gran parte del
mundo, la mayoría de estaciones de radio optan por realizar la programación más
insípida posible en espera de atraer a los oyentes sin ofender a nadie, o por
el contrario adoptan un enfoque sensacionalista, con intención seductora, pero
provocando a todo el mundo. Pero en las últimas décadas se viene dando un
tercer tipo de radio, una alternativa a la radio comercial y estatal. Con
frecuencia llamada radio comunitaria, su rasgo más característico consiste en
comprometerse con la participación comunitaria a todos los niveles. Mientras
los oyentes de la radio comercial pueden participar en la programación de modo
limitado, a través de tribunas libres por línea telefónica o pidiendo su
canción favorita, los oyentes de la radio comunitaria son a la vez productores,
gerentes, directores, evaluadores y aun los dueños de las estaciones.
Esta radio no está llena de música pop y noticiarios “superficiales”, ni con
comunicados oficiales o contenido cultural aprobado por el gobierno. No es tan
importante que la programación sea refinada como el que esté basado en un
concepto de comunicación participativa. El papel de la radio radica en atender
las prioridades establecidas por la comunidad de forma que puedan
facilitar su discusión, fortalecerlas y desafiarlas. Es difícil barajar todos
los intereses de una comunidad, y la radio comunitaria no siempre acierta a
hacerlo. Sin embargo cuando lo consiguen sus emisiones tienen una fuerza
pasional rara vez alcanzada por los medios estatales de gran escala o los
comerciales. Esa pasión se deriva del ansia de involucrar a sus oyentes
facilitando y alentando su participación no solo en la radio, sino en los
procesos culturales y políticos que afectan a la comunidad.
JUSTIFICACIÓN
Los medios masivos de comunicación se han
convertido en elementos fundamentales dentro de la cotidianidad de las
comunidades occidentales modernas. La existencia y reconocimiento dentro de un
conglomerado requiere de una previa mediatización de acciones, personajes y
situaciones, es decir la exposición en el nuevo púlpito sagrado e
incuestionable.
Dentro de este contexto, la radio constituye uno de
los medios de mayor incidencia dada sus características inherentes: la
inmediatez, versatilidad y su facilidad de acceso, en calidad de audiencia por
parte de todos los estratos sociales. Sin embargo el acceso a la
producción y dirección de la radio no reviste la misma facilidad y
democratización, debido a los altos costos en licencias y equipamientos requeridos,
sin mencionar la especialización del material humano. Por este motivo, cada día
son menos los hacedores de radio independiente. Las emisoras se han unido
estratégicamente en empresas de entretenimiento o han sido vendidas a los
grandes monopolios de la información generando la reducción de las opciones de
opinión a dos a tres opciones preponderantes y mayoristas.
A partir del año 1993 nace legalmente en el Perú el
servicio de radio comunitaria, en una época convulsionada por el terrorismo y
la corrupción del gobierno del ex presidente Alberto Fujimori. Este tipo de
servicio de radiodifusión está orientado a difundir programas de interés social
para los diferentes sectores de la comunidad que propicien su desarrollo
socioeconómico y sociocultural, el sano esparcimiento y los valores esenciales
de la nacionalidad, dentro de un ámbito de integración y seguridad ciudadana.
Sin embargo a pesar de ser grandes iniciativas
radiales, muchas de estas eran quijotescas y sin coordinación en medio de las
cuales los objetivos se pierden en el horizonte. Pese a estas circunstancias
las experiencias de radio comunitaria se hacen cada vez más significativas para
los habitantes de las localidades en las que se desarrolla, por cuanto los
escenarios de participación y movilización social que esta genera se construyen
y alimentan desde las realidades individuales y comunitarias de dichos
habitantes. Se trata de una labor empírica que por su misma naturaleza,
enriquece las posibilidades de visibilizar a cada persona con su historia,
a cada comunidad en sus espacios de encuentro y desde ahí, invita a pensar las
realidades sociales que les competen a unos y a otros.
La comunidad es consciente del hecho de que la
radio de su localidad es un espacio de encuentro con sus vecinos, con los
líderes que gestionan procesos de desarrollo, y con esas informaciones que
nacen de las entrañas de su municipio. Esto los motiva reivindicar el derecho a
participar de manera democrática en las soluciones que mejoraran la calidad de
vida de sus conciudadanos.
Cada una de las dinámicas que se tejen alrededor de
la radio comunitaria hacen de esta un escenario propicio para entender lo
comunitario desde la construcción colectiva de saberes y la aplicación de estos
en la solución de una problemática común, y para comprender la solidaridad,
generada desde la sensibilización frente a las adversidades del otro y el
sentido de lo ciudadano para construir un bien común.
Por tal motivo es de vital importancia el análisis
metodológico de la incidencia de la labor de las emisoras comunitarias en el
contexto de las comunidades vulnerables a nivel regional y municipal, que
permita esbozar un modelo de comunicación participe en el desarrollo de modelos
de movilización social y gestión comunitaria desde el punto de vista del contenido
propuesto, enfoque de su parrilla de programación y los espacios reales
de participación comunitaria. Es decir que abarque el aspecto del cumplimiento
de la función social para la cual ha sido creada esta figura. Esta dinámica
permitirá que se genere un proceso de congregación social desde los liderazgos
comunitarios, para motivar a las comunidades más vulnerables a buscar y
proponer alternativas de solución coherentes con su realidad actual.
La relevancia de la investigación en el ámbito de
las ciencias de la comunicación, radica en que se trata de una iniciativa
tendiente a la aplicación práctica de las teorías sobre radio comunitaria y
comunicación alternativa a la realidad social y cultural de las comunidades
vulnerables en los departamentos alejados del Perú. De hecho el estudio
permitirá establecer una guía metodológica para lograr un enfoque más acertado
que permita convertir a estos medios de comunicación en una organización social
al servicio del desarrollo económico, social y cultural de las comunidades,
dada la sensibilidad social que revisten en ellas otros aspectos.
DESARROLLO
I.
UNA APROXIMACIÓN A
LO COMUNITARIO
La existencia de iniciativas
como la Radio Comunitaria viene cobrando fuerza a través de discursos,
prácticas y relaciones que defienden vínculos de solidaridad y reciprocidad en
las sociedades contemporáneas. Usamos el término comunidad, a pesar de los
riesgos y la indeterminación que ofrece, porque precisamente nos preguntamos si
brinda alguna especificidad a manifestaciones de diverso signo que se reclaman
bajo su. Este hecho sugiere la necesidad de repensar el concepto de comunidad y
sus relaciones con otras categorías que son imprescindibles para comprender la
marcha de los procesos humanos y culturales de hoy.
Un término que hace historia
Empecemos por decir que el
concepto de comunidad, a pesar de haber sido central en la conformación de los
campos de investigación de la Ciencias Sociales, en especial de la Sociología,
la Antropología y la Teoría Política, es lo que podríamos llamar un concepto
problemático ya que no goza del consenso teórico al interior de una u otra
disciplina. Pero además, vale decir que ha sido usado en diferentes
momentos de la historia de la humanidad para defender o atacar modelos de
sociedad contrapuestos.
Bajo la palabra comunidad se pueden reunir
concepciones como: barrio, localidad, nación, raza, etc. El término comunidad
connota tantas y tan diversas significaciones como imaginarios y cargas
ideológicas. Sobre esta premisa, intentaremos ubicar ciertas trayectorias
históricas del término.
¿Individuo v/s comunidad?
La comunidad entendida en
términos micro y caracterizada por la homogeneidad, el aislamiento, la
autosuficiencia y la solidaridad interior se contraponen a los principios
fundamentales de la constitución de la ciudadanía
en el contexto liberal. En este sentido, el sujeto miembro de una
comunidad está atrapado en la tradición y pierde su especificidad como
individuo miembro de una sociedad que le permite ejercer, exigir y defender sus
derechos sobre las garantías de la ley. Así, la relación con sus cercanos se
traduce en una actitud refractaria al cambio, apegada a los símbolos
compartidos y sustentados en la subjetividad no reflexiva, sino heredada a
través de la memoria colectiva, que lo, conducen a actitudes de hostilidad
hacia el exterior.
El asunto que está en juego es de nuevo la pregunta
por el orden social, por la convivencia en un mundo cada vez más plural. Esta
pluralidad se convierte en un problema para la convivencia porque está
determinada por las diferencias entre las ideas de lo que es un buen vivir, que
exigen ser satisfechas y remiten a la idea de justicia, puesto que presuponen
principios de igualdad y libertad. En otras palabras, los individuos que hacen
parte de un ente social desean llevar a cabo su propio ideal de bienestar o de
buen-vivir, asegurar sus derechos y estar en la libertad de exigirlos (incluso
en detrimento de los derechos individuales de otros)
¿Comunidad v/s sociedad?
En el caso de la sociología,
la connotación más fuerte del uso de la noción de comunidad deriva de la propuesta
de una polaridad en la que comunidad y sociedad son opuestas y no obstante,
secuenciales. Así, la comunidad atiende a criterios de aquiescencia, simpatía,
confianza, interdependencia y la sociedad en contraste con los de extrañeza,
antipatía, desconfianza e independencia propios de la asociación. La sociedad
avanza desde la comunidad en dirección a formas de asociación que configuran el desarrollo de la
sociedad moderna
La comunidad se constituye a partir de una la
voluntad esencial o natural, que incluye el pensamiento como actividad
psicológica. La sociedad atiende una voluntad arbitraria, instrumental o
racional que es producto del pensamiento de cada individuo.
De esta tradición sociológica surgirán después
escuelas que pondrán al centro de la investigación el asunto de la comunidad,
atada a su connotación espacial (local), y sobre la búsqueda de respuestas a la
difícil integración social, o la nostalgia frente a un pasado más armónico. En
esta inflexión se inserta la tradición investigadora de la
antropología, la cual logrará demostrar que su provisión conceptual y
metodológica es eficaz para evidenciar que, a pesar de la modernidad, la
sociedad continúa necesitando vínculos afectivos, rituales y principios como el
de reciprocidad para existir.
En la actualidad, el tema de
la comunidad parece aparentemente saldado en los enfoques que vinculan los
planos micro y macro en la investigación social, así como en la, cada vez más
frecuente, opción por enfrentar los estudios de forma multidisciplinaria. Sin
embargo, es aparente, en tanto en sí mismo el concepto contiene la misma
ambigüedad y provoca similares reacciones en contra y a favor de su uso en
todas las disciplinas.
De la comunidad a lo comunitario
Es casi imposible separar los
rasgos característicos que asumió el concepto de comunidad en las distintas
disciplinas y períodos, no obstante podríamos recoger algunas de las nociones
que consideramos predominantes. Estas nociones responden a diferentes niveles y
refieren diferentes universos de significado, y las ubicaremos en torno a
espacios de relación conceptual.
Podemos, a partir del breve recorrido histórico,
formular un rasgo clave y permanente del concepto comunidad, y es el que alude
a su carácter dimensional. En este nivel, el concepto de comunidad se entiende
como contenedor de un grupo determinado, a su vez, por las condiciones del
espacio. Se refiere a una noción que llamaremos morfológica, del término
comunidad, en tanto alude a su forma y dimensiones. Esta noción, al parecer,
restringe la existencia de "la comunidad" a condiciones formales
dadas, y por tanto estática y prefigurada, al punto de atribuirle una identidad
casi ontológica.
Desde esta perspectiva, la noción de comunidad se
convierte en un comodín que sirve para nombrar grupos de diferente índole y
homogeneizar individuos diversos bajo una misma denominación atendiendo a una
forma indeterminada que está vacía de contenido.
Leída desde la tensión, la comunidad se establece
sobre el entramado de cruces socioculturales en que lo tradicional y lo
moderno se mezclan. Se instala como una forma cultural que responde a
procesos de hibridación que conforman la cultura y en esa medida trasciende lo
meramente morfológico, para insertarse en la dinámica social y adquirir sentido.
En este tránsito, la comunidad se deslinda de su mera descripción formal para
convertirse en un atributo de hechos sociales más amplios: lo comunitario.
En los últimos años hemos
visto surgir ciertas dinámicas sociales, políticas o culturales que evidencian
nuevas formas de sociabilidad, de relación social o de organización política de
carácter solidario y emancipador. La proliferación de iniciativas colectivas en
América Latina que se reclaman como comunitarias conjugan elementos que son
propios de la tradición comunitaria de las culturas ancestrales, pero también
son fruto de los modelos de desarrollo que han generado grandes cantidades de
gente excluida en todos los sentidos. La forma particular en la que el proyecto
modernizador ha sido apropiada y re significado en nuestros países ha generado
diversos procesos relacionados con la recomposición de los tejidos
sociales básicos, con la emergencia de nuevos actores sociales y con nuevos
modos de entender lo público, que giran en torno a la reivindicación de valores
y vínculos.
En este punto, consideramos
valioso retomar un fragmento del libro Culturas Híbridas que traduce este espíritu:
"Los
países latinoamericanos son actualmente resultado de la sedimentación,
yuxtaposición y entrecruzamiento de tradiciones indígenas (sobre todo en las
áreas mesoamericana y andina), del hispanismo colonial católico y de las
acciones políticas, educativas y comunicacionales modernas. Pese a los intentos
de dar a la cultura élite un perfil moderno, recluyendo lo indígena y lo
colonial en sectores populares, un mestizaje interclasista ha generado
formaciones híbridas en todos los estratos sociales"
Justamente, lo comunitario se
inserta en procesos de hibridación cultural que, vale la pena precisar, están a
su vez insertos en contextos sociales que implican conflicto, relaciones
asimétricas y responden a una determinada historicidad. Entonces, la comunidad
y lo comunitario no son el sustantivo y adjetivo de la misma noción, sino son
fundamentalmente diferentes. La comunidad, como lo expresamos anteriormente,
alude a una forma que adoptan diversas agrupaciones sociales, y que puede tomar
diferentes significaciones que van desde la que se identifica con la tradición
(como en el caso de las comunidades indígenas), hasta la que connota
integración y cohesión social en sociedades modernas (por ejemplo, la comunidad
de industriales). Mientras que lo comunitario, corresponde a la función de
significar fenómenos sociales de diverso tipo, dentro de los que se encuentra
la Radio Comunitaria.
Cuando decimos
"significar" fenómenos sociales estamos afirmando, como lo
anticipamos en párrafos anteriores, que lo comunitario se define a partir de la
cultura. Asumimos lo que Thompson llama una concepción estructural de la cultura de acuerdo con la que los fenómenos culturales pueden entenderse
como formas simbólicas en contextos estructurado. Así, pueden existir, o
no, coincidencias entre las características que recibe algún fenómeno social
que adquiere el sentido de comunitario
y los rasgos morfológicos que se atribuyen al concepto de comunidad. Nos
resulta interesante el término de cultura de Thompson en tanto determina el análisis
cultural como el estudio de la
constitución significativa y de la contextualización social de las formas
simbólicas que, tal como lo expresamos en la introducción de
nuestro trabajo, se encuentran en la base de nuestra propuesta. Adoptar esta
perspectiva implica en concreto comprender que las, formas simbólicas, como es
el caso de lo comunitario, son expresiones producidas por sujetos ubicados en
contextos socio históricos específicos, recibidas por otros sujetos igualmente
contextuados y sometidas a procesos constantes de interpretación, valoración y
evaluación.
Lo que pretendo proponer en
este trabajo, es la idea de que lo comunitario corresponde a una construcción
de sentido que, en tanto alude a la dimensión simbólica de la sociedad que
llamamos cultura, es susceptible de ser interpretada y analizada en su
contexto. Del mismo mono, que lo comunitario puede ser leído como una forma
simbólica que se presenta como constructiva de un fenómeno significativo, en el
caso concreto de nuestro estudio, del fenómeno de la Radio Comunitaria.
Propuesta esta distinción y en este marco, toma forma la pregunta central que
conduce a la investigación, la cual es oportuno recordar:
¿Cómo se ha transformado la
definición y el sentido de lo comunitario en la Radio Comunitaria en el Perú,
desde sus antecedentes hasta su actual resurgimiento?
Es correcto decir que el
desarrollo de la investigación en términos teóricos y metodológicos, y en
concreto el análisis de los datos, están dirigidos tanto a buscar posibles caminos
para dar respuesta a la pregunta formulada, como a comprender el fenómeno
social que constituye la Radio Comunitaria en el contexto Local, Regional y
Nacional a partir de la construcción del sentido de lo comunitario.
La
identidad, el territorio y lo comunitario
Una relación que consideramos
vital en la construcción de sentido de lo comunitario es la que ésta establece
con la noción de identidad. En este aspecto, lo comunitario connota
significaciones adversas. Por un lado se ve como la posibilidad de generar
identidades colectivas basadas en significados compartidos del mundo, y por
otra, se ha visto como el obstáculo para que el individuo constituya su propia
identidad desde la reflexividad.
De esta manera, consideramos
que la construcción de sentido de lo comunitario corresponde a una serie de identificaciones que se
estructuran social, cultural e ideológicamente. Comprender el sentido de lo
comunitario, y más específicamente referido al fenómeno de la Radio Comunitaria,
conlleva a desentrañar el proceso mediante el cual una serie de experiencias se
nombran y sor: nombradas como comunitarias, se reconocen o no en dicha
denominación, la apropian y le confieren sentido desde el lugar (espacio -
tiempo) en que se organizan y controlan. Es decir, preguntarse por lo
comunitario en la Radio Comunitaria implica preguntarse por su identidad.
Este propósito nos ubica de
nuevo en otro eje, que consideramos vital para la comprensión de nuestro
fenómeno. Se trata de la construcción del territorio entendido, tal como lo
afirma María Ana Portal, como el ámbito
donde se arraigan las identidades.
Decimos vital porque, tal como
lo expresamos desde la introducción, la dimensión espacial de la Radio
Comunitaria es entendida como uno de los niveles de análisis que determinan el
fenómeno. Vale la pena recordar que en la construcción de nuestro objeto de
estudio, desde el inicio del proceso de investigación, la dimensión de lo local
es privilegiada. Por ello, la aproximación al concepto de territorio como
categoría que se relaciona con lo comunitario tiene un gran valor explicativo
en el marco de nuestro análisis.
Esta forma de entender el
territorio acerca nuestra pregunta por lo local a una dimensión más apropiada
de la construcción del fenómeno significativo que abordamos, pero además nos
permite ubicar esta dimensión en el mismo eje del análisis sociocultural que
atraviesa el sentido de nuestro trabajo.
Para
comprender lo público
En este aparte, nuestro
propósito es acercamos a la categoría de lo público e identificar sus
características y las conexiones que ha tenido a lo largo de su configuración
histórica con la comunidad y lo comunitario. Posteriormente, la idea es poner a
operar esta categoría en relación con lo comunitario sobre el desarrollo del
análisis socio histórico y la interpretación de los datos.
Desde su concepción clásica lo
público ha sido emparentado con la noción de comunidad y en la marcha de su
configuración histórica esa noción ha determinado algunos de sus rasgos
distintivos y conflictivos más sobresalientes. En efecto, en la ubicación de
los sentidos más usuales que connota lo público como categoría política, en
contraposición a la categoría de lo privado, se encuentra su acepción como lo
común.
"Lo
público como lo que es de interés o de utilidad común, que atañe a lo
colectivo, que concierne a la comunidad, y por ende a la autoridad de ella
emanada, contra lo privado como aquello que se refiere a la utilidad y al
interés individual. (...) De allí también que en algunas definiciones el
término "público" aparezca como "lo perteneciente o concerniente
a todo un pueblo, lo que emana de un pueblo", de donde se desprende la
referencia la autoridad colectiva, al Estado. En oposición, lo privado en esta
primera acepción, designa lo que es particular e individual y aquello que en su
origen, pretende sustraerse a ese poder público (entendido como poder de la
colectividad)".
Como podemos ver, este sentido
de lo público nos remite a la idea de comunidad en términos macro sociales y apunta además, a la
asimilación de lo público como político, entendido esto último más como
estatal.
Como rasgos que permiten
evidenciar el carácter público de un fenómeno social, cada uno de los sentidos
mencionados se observa en diversas experiencias de Radio Comunitaria, sin
responder necesariamente a un orden coherente o unívoco. Estas características,
tal como lo afirma Rabotnikov, se han articulado históricamente de diversas
maneras, y desde nuestra perspectiva se siguen articulando en las experiencias
singulares incluso sin atender a un modelo determinado de lo público.
Ciertamente, se han logrado reconstruir o establecer diferentes modelos de lo
público que significan, así mismo, variadas formas de constitución política y
social que también determinan en gran medida, las formas de relación que se
establecen entre el individuo, lo colectivo, el Estado y el mercado. Desde el
modelo clásico de la polis griega que se constituye en un paradigma hasta la
idea sistemática de un espacio público que es instrumento para reducir la
contingencia jurídica y política en las sociedades, pasando por la idea de espacio
de expresión y crítica moral de la política o bien de la argumentación racional
que integra.
La delimitación de lo público
se ha hecho a través de traspasar la noción abstracta a la objetivación en un
espacio, entendemos espacio no sólo como referente físico sino también como
flujo de relaciones y ámbito comunicativo. Aunque en las sociedades modernas la
premisa básica que subyace a la existencia del espacio público es la
diferenciación entre sociedad civil y Estado, su construcción no se limita a su
relación en términos políticos en sentido estricto, sino que encuentra anclajes
también en el campo de lo social y lo cultural.
En términos socioculturales la
existencia de lo público y su constitución como espacio implica una serie de
relaciones marcadas por la constante ida y vuelta entre los procesos
identitarios y la integración de diversos niveles de la estructura social que
se consolidan en espacios de intercambio y procesos comunicativos. Esta
separación es válida en términos analíticos porque permite decodificar el
sentido de lo público en el análisis del trabajo empírico, pero no es más que
eso, ya que es imposible hablar del sentido de lo público sin remitir, como lo
mencionamos anteriormente, a la puesta en interacción de los actores que constituyen
nuestras sociedades y en esa medida, a los espacios políticos en los que se
construyen las alternativas de participación y comunicación.
II. LA RADIODIFUSIÓN
COMUNITARIA
En muchos países, el asunto de las radios comunitarias
ha sido visto hasta ahora como una trasgresión a normas técnicas,
de regulación del espectro, como un aspecto de la delincuencia
o incluso, como un asunto de seguridad nacional.
En el enfoque que propongo, las radios comunitarias
son experiencias que se relacionan con
el ejercicio de la libertad de expresión,
y su situación es un indicador
del grado de respeto de esos derechos
en los países del continente americano.
Gustavo Gómez
El despertar los
derechos informativos
El tema de las
radios comunitarias está directamente relacionado con el ejercicio de los
derechos humanos y la libertad de expresión, no es la búsqueda de
protagonismos, ni enriquecimiento o de injerencia de “extraños” grupos o
intereses, es y ha sido la búsqueda para que la libertad de expresión quede
arraigada en las bases ciudadanas, en la democracia.
La libertad de expresión y el derecho a la
información implican el derecho a expresar nuestras opiniones, lo que pensamos
y lo que queremos, sin que nadie nos lo impida, nos persiga, ni nos castigue
por ello. Cuando se restringe la libertad de expresión de un individuo, no sólo
es el derecho de ese individuo el que está siendo violado, sino también el
derecho de los demás a recibir informaciones e ideas diversas y plurales.
Sin embargo, en nuestro país este derecho es sólo
posible para unos cuantos, pocos tienen la posibilidad decir su opinión en un
micrófono o frente a una pantalla de televisión.
La importante conquista de reconocer la libertad de
expresión como un derecho humano de todas las personas, ¿en qué se convierte si
no tenemos la misma libertad de fundar una radio o utilizar un canal de TV? Así
como ahora consideraríamos inadmisible el cierre de algún periódico por
reivindicar sus opiniones y agenda social, pues sería un atentado a la libertad
de prensa, lo mismo sucede con una radio, ya que con este instrumento, los
grupos sociales están haciendo uso de su derecho, sólo que en lugar de la
prensa están utilizando un soporte técnico distinto que se llama radiodifusión.
A fuerza de no ejercer los derechos informativos
casi se nos olvida que existen. Hoy cada vez más, existen grupos ciudadanos que
aspiran a contar con medios propios para impulsar sus agendas, incentivar la
pluralidad informativa y de voces, ante la avasallante homogeneidad informativa
cotidiana, ante la característica invisible impuesta por los medios
tradicionales a sus propias necesidades.
La radio comunitaria ha sido el instrumento y el
espacio para debatir abiertamente lo que preocupa a las diversas comunidades de
una sociedad. Las radios comunitarias responden en muchos casos a las
necesidades, intereses, problemas y expectativas de sectores muchas veces
relegados, discriminados y empobrecidos de la sociedad civil.
La necesidad creciente de expresión de las mayorías
y minorías sin acceso a medios de comunicación, y su reivindicación del derecho
de comunicación, de libre expresión de ideas, de difusión de información hace
imperante la necesidad de buscar bienes y servicios que les aseguren condiciones
básicas de dignidad, seguridad, subsistencia y desarrollo.
El interés de la ciudadanía para impulsar espacios
de radiodifusión comunitaria habla de un avance democrático en nuestro país, de
un entendimiento acerca de la importancia del desarrollo social integral,
equitativo y justo, y de una promoción de una cultura política de respeto y
tolerancia, donde la sociedad participa, opina y genera propuestas
corresponsables.
Para la UNESCO “la función principal de la radio
comunitaria, incluye incentivar los procesos democráticos de manera local,
dándoles ‘voz’ a los pobres y marginados; incrementando la diversidad de
contenidos y el pluralismo de información a nivel local, para de esta manera
reflejar y promover la identidad, carácter y cultura local; fomentando la
creación de voces y opiniones diversas, así como la expresión individual,
alentando a la participación, la innovación y el compartir información”.
Movimiento ciudadano. Los primeros pasos
El ciudadano, como sujeto de derechos y
obligaciones civiles, políticas y sociales, tiene poco tiempo de existencia,
particularmente en el Perú. Si bien ha surgido lleno de vigor, parece hundido
en toda suerte de contradicciones. Llegamos tarde a la fiesta de la democracia,
cuando su celebración universal como ideal político coincide con el creciente
desencanto que provoca en todas partes.
El ejercicio ciudadano no se contrae, como hace
unos años, a la mera denuncia o la oposición, sino que avanza en formas
múltiples de afirmación de lo propio, en formas creativas y originales que
brotan de la diversidad característica de nuestra sociedad; pero al mismo
tiempo, a menudo las organizaciones son atrapadas en la lucha por la
supervivencia y con demandas inmediatas y circunstanciales sin horizonte de
largo plazo.
El derecho a la comunicación, en este contexto, no
ha sido considerado suficientemente por las propias organizaciones sociales, al
menos en la extensión que lo estamos viendo ahora, salvo aquellas que están
especializadas en el tema. Los ciudadanos llegamos tarde a la fiesta de la
democracia y también al de la utilización del espectro radioeléctrico, pues en
su mayor parte está repartido en manos privadas, bajo la lógica de la
rentabilidad económica y política.
El entendimiento de la actividad radiodifusora como
actividad empresarial, como objetivo básico, es la lógica bajo la cual opera la
administración de un bien público, como lo es el espectro radioeléctrico.
Así, antes que el servicio que dará una emisora en
un área geográfica específica, primero se califica la capacidad financiera que
tiene el peticionario para determinar alguna autorización; los empresarios de
los medios electrónicos hacen la defensa de la radiodifusión desde el discurso
de la viabilidad de la empresa mediática que genera puestos de trabajo e
inversiones, y luego de paso, hablan de la libertad de expresión; legisladores
se resisten a cambiar las leyes en la materia y su primer argumento es que pone
en peligro a la industria de la radio y la televisión. Se defiende la actividad
no como el ejercicio del derecho constitucional de expresar las ideas, sino
como un aspecto del derecho de ejercer una industria lícita o de propiedad
privada. Es el mercado y sus reglas quienes determinan la actividad
radiodifusora, la prioridad, antes que el servicio público, es transmitir lo
que vende, ganar audiencias no por la legitimidad social, sino por la pelea del
rating para vender más espacios y a mejores precios. El mercado se impone como
el principal o único regulador de la radiodifusión, que fija patrones de
consumo desmedido, omite la responsabilidad social y por lo tanto la
posibilidad de la participación social en los medios.
En contraposición a esta tendencia, cada vez es más
creciente la conciencia de la importancia de la información en la construcción
de la ciudadanía y el ejercicio de sus derechos, es así que lo tecnológico no
se convierte en un fin sino en la posibilidad instrumental para difundir
información, ideas y opiniones, es lo que propicia la creación de múltiples
radios operadas por grupos ciudadanos en el país: “Los medios de comunicación
son un ámbito nuevo de ejercicio de la ciudadanía”.
Ser ciudadano en el siglo XIX era tener propiedad y
votar; en el siglo XX, alfabetizarse es requisito de la ciudadanía real, pero
también lo es acceder a la vivienda o, más adelante a la instrucción primaria.
Con los medios se genera un espacio de ciudadanía de enorme riqueza, pues toca
uno de los aspectos centrales de la sociedad de hoy, o de quienes poseen las
capacidades técnicas para su manejo. Producto de estos procesos, cada vez más
países reconocen la existencia e importancia de los medios comunitarios y, con
ello, de la capacidad y derecho de la sociedad civil de contar con medios
propios. De la mano con lo anterior, algo está cambiando en el mundo.
¿Qué es la radio comunitaria?
Lo que ahora conocemos como radio comunitaria tiene sus antecedentes en
los primeros intentos por utilizar a este medio para fines sociales.
La radio comunitaria y ciudadana, se define así, en
la medida en que su misión se relaciona directamente con el ejercicio de los
derechos ciudadanos y como un espacio de encuentro: “Las radios comunitarias y
ciudadanas son espacios de recomposición del tejido social, son lugares de representación
de diferentes identidades culturales y de construcción de la democracia, pues
ejercer ciudadanía es dejar de ser neutrales”.
Establecer las condiciones necesarias para la
construcción de ciudadanía supone entenderla como la pertenencia de los sujetos
a un tejido social, que es la comunidad, la sociedad civil que toma posturas
frente a realidades concretas donde ser ciudadano conlleva el ejercicio de los
derechos civiles, políticos y sociales, pero también de responsabilidades y
obligaciones, de participación activa para desarrollar acciones en función de
intereses individuales y colectivos, que permitan igualdad de oportunidades
para el desarrollo de capacidades y de una vida digna.
En este sentido, la radio comunitaria debe tener
claro, y así dejarlo saber a través de su perfil y objetivos específicos, que
se compromete con los intereses de los sujetos sociales de su comunidad frente
a diferentes realidades y problemas, mostrando la diversidad y pluralidad de
los sectores; buscar y defender la legalidad democrática y focalizar las
problemáticas específicas de las comunidades a las que atiende. La defensa de
los derechos humanos, la promoción de un desarrollo humano sostenible, la
equidad de género, el respeto a las identidades étnicas, la preservación
del medio ambiente, el protagonismo de los jóvenes y sus propuestas, la
protección a la niñez y de las personas adultas mayores, la educación y la
salud, así como la integración nacional y regional, constituyen los ejes
fundamentales que determinan el perfil de las radios comunitarias. Por otra
parte, la necesaria diversidad informativa en torno a las problemáticas de la
comunidad es, también característica indispensable que nos permite identificar
a las radios comunitarias. En este sentido, una radio comunitaria o ciudadana,
es una propuesta social que un colectivo u organización ofrece a la sociedad,
exponiendo claramente cómo pretenden estar y en consecuencia incidir en ese
tejido social. Entendida así, la radio comunitaria es un proyecto político, en
el sentido de que asume compromisos y toma posición respecto a la problemática
concreta en que vive y se ubica en el contexto social en donde se desarrolla.
Así, por ejemplo, tenemos radios de mujeres reivindicando sus derechos y su
forma de querer ser vistas y tratadas por la sociedad; radios indígenas que
defienden y fortalecen su identidad cultural en el marco de la realidad
nacional; radios de jóvenes que proponen su visión, preocupaciones y formas de
afrontarlas. La lista de proyectos específicos es tan amplia y heterogénea como
la sociedad misma, sin embargo, lo que pretendemos dejar claro es que una radio
comunitaria responde a un proyecto político, que no partidista, de mediano y
largo plazo, y las decisiones sobre su función son tomadas por el grupo que
sostiene dicho proyecto, es una reivindicación de los sujetos individuales y
colectivos frente a los poderes. Esta reivindicación se expone en forma de
ideas, opiniones y lenguajes integrados radiofónicamente en pleno ejercicio de
la libertad de expresión en la esfera de lo público, con el fin de aportar a un
diálogo colectivo para la construcción de los consensos y del debate que lleve
a una participación corresponsable. Por ello, las radios comunitarias
representan la posibilidad de los ciudadanos comunes, “los de a pie”, para
ejercer su libertad de expresión y, en todo caso, sentirse involucrados,
reconocidos e identificados con sus planteamientos y contenidos a través del
soporte tecnológico que es la radiodifusión.
De esta manera, los campesinos, los indígenas, las
amas de casa, los jóvenes, las mujeres, los hombres, entre otros, pueden
expresar sus ideas, su pensamiento, lo que quieren, lo que aspiran, lo que
sueñan, lo que les enoja, lo que les alegra, finalmente, lo que cada uno es. Es
también es la posibilidad de las comunidades de ejercer su derecho a la
información, pues escucha y conoce las opiniones e ideas de los otros, accede a
información que le permite saber diferentes puntos de vista, formarse una
opinión y tomar su propia posición frente a la problemática de su comunidad o
de la sociedad en general.
La radio comunitaria tiene también la misión de
promover y fortalecer directamente el ejercicio de los derechos ciudadanos, la
persona ciudadana como actor social activo con capacidad de negociación, de
incidencia y de toma de decisiones para asumir y cambiar su realidad en los
diferentes ámbitos de la sociedad. La temática de la ciudadanía y de la
democracia se entrelaza con la comunicación, en tanto y en cuanto el sistema de
medios se constituye en un espacio para el debate, pero sobre todo para la
visualización de las realidades y la participación de los actores plurales. De
manera simultánea, mientras la política va perdiendo credibilidad, la
televisión y la radio con incidencia diferente según las diferentes realidades
se constituyen en los espacios donde la gente participa, donde va a denunciar,
a decir, a reclamar. Los medios de comunicación se convirtieron en los últimos
años en los lugares donde la gente concurre para hacer la denuncia que en otro
tiempo recibía el juez o el policía, el espacio donde la realidad se legitima,
pero al mismo tiempo en el lugar de la manifestación de las estéticas
diferentes, de expresiones culturales, sociales y religiosas. Se genera un nexo
indisoluble entre comunicación y democracia, directamente vinculado a la
emergencia de lo ciudadano y de la ciudadanía como ejes de la acción política y
de las prácticas de comunicación, y al mismo tiempo, a la constitución de lo
público en torno a la comunicación. Hablar de ciudadanía es también hablar de
luchas, de enfrentamientos, de disputas, de toma de posiciones en funciones de
intereses individuales y colectivos.
Significa tomar partido a favor de algunos de esos
intereses y en contra de otros. Es asumir un lugar en la lucha por el poder
dentro de una sociedad (se trate de clases sociales, grupos étnicos, géneros).
Es también tomar posiciones por intereses y valores y no se trata meramente de
una convivencia pacífica donde cada uno reclama por los derechos que las leyes
le atribuyen. Ejercer ciudadanía es dejar de ser neutrales. Es ser conscientes
de la propia acción, ser conscientes de la lucha por la distribución de
poderes, bienes materiales y simbólicos”
El mito de las tres P
A la radio comunitaria también se le nombra como el
“tercer sector”, en referencia a la composición que prevalece en la actualidad
en el panorama de los medios electrónicos: está el sector de los medios
comerciales con fines de lucro, el sector de los medios públicos o de Estado,
que pertenecen a instituciones gubernamentales y el sector social de los medios
comunitarios o ciudadanos, que ha tenido su mayor crecimiento e impulso en
América Latina, especialmente en el sur del continente donde surgen a
consecuencia de las dictaduras militares que hicieron estragos. Existe la
tendencia a pensar que lo comunitario se relaciona con el tamaño en términos de
potencia o cobertura, o a su restricción a un área geográfica limitada, por
ello cuando se hace referencia a la radio comunitaria se tiende a pensar como
sinónimo de radios pequeñas, de baja potencia, recluidas en algún lugar perdido
de un pueblo, de quién sabe dónde.
En pocas palabras se les identifica con las
llamadas características de las tres P:
Pocas. A pesar de que existe una demanda social
creciente de múltiples sectores por contar con un medio propio, hay una
tendencia a limitar el acceso a frecuencias para operar medios electrónicos por
parte de grupos de la sociedad civil sin fines de lucro, a quienes se les
imponen condiciones técnicas o económicas casi inalcanzables, aun así cuando
los grupos ciudadanos exigen su lugar en el espacio radioeléctrico, los
gobiernos plantean “soluciones” como imponer una reserva de frecuencias o bien
acciones para limitar su crecimiento.
Si tomamos en cuenta que el espectro radioeléctrico
es patrimonio de la humanidad y corresponde a los Estados su eficiente
administración, no tendría por qué haber restricciones para que grupos
organizados de la sociedad civil pudieran acceder a las frecuencias. El tema es
que se asume la actividad radiodifusora como esencialmente empresarial, como
una industria, por lo que se prioriza esta actividad dejando de lado o peor
aún, ignorando que debe ser una actividad de servicio público que entraña la
libertad de expresión y la pluralidad informativa.
¿Por qué la actividad comercial puede crecer a sus
anchas y la actividad con fines sociales no puede, en la mayor parte de los
casos, ni siquiera existir? ¿Quién determinó ese principio?
Ahora bien, entendiendo que el espectro
radioeléctrico es un bien finito y limitado es indispensable que el Estado,
como garante del bien común, desarrolle y explicite una administración racional
y eficiente, en lugar de ser entendida por parte de los grupos privados del
ramo, para afirmar que si crece demasiado, o participan muchos, la actividad,
la industria se pone en peligro pues la competencia afectará los mercados en
donde y gracias al cual, se enriquecen.
Pequeñas. Ciertamente una radio comunitaria puede ser
una emisora de baja potencia en alguna localidad pequeña, pero también lo puede
ser una emisora ubicada en una gran ciudad con una potencia suficiente para
cubrirla. Lo comunitario se refiere a la comunidad de intereses, así sea
la comunidad de jóvenes de una ciudad o de una localidad en el campo que puede
ser grande o pequeña, pues este sector está en todas partes.
Igual pasa con aquellas emisoras que cubren
públicos que, aunque dispersos, tienen la misma cultura e idioma, como sucede
con las emisoras indígenas o campesinas que cubren hasta 20 municipios o más.
Equiparar la radio comunitaria con baja potencia, fue la salida que encontraron
algunos países. Si no podían evitar su crecimiento, se les dejaría existir pero
limitándolas en sus potencias y coberturas: “pequeñas para que no molesten”.
Las radios comunitarias deciden la dimensión de su
potencia en función de sus objetivos y de su capacidad técnica para brindar el
servicio a las comunidades, además por su capacidad económica para dar
mantenimiento a la estación, pues entre más alta la potencia más altos son sus
gastos de operación. Lo que en principio se defiende es la posibilidad de que
las emisoras puedan, por sí mismas, determinar la potencia en la que pueden
operar sin que existan condiciones restrictivas por querer pensar que lo
comunitario se define por la potencia que tiene o debe tener.
Pobres. Es común pensar que
una emisora con compromiso social es, por
definición, una emisora pobre, con una
vocación misioneraque debe resignarse a
sobrevivir con donativos, dádivas y buena voluntad, sin
derecho, al igual que otros, a obtener ingresoslegítimos por
la oferta de sus servicios, especialmente en
venta de espacios para promoción y
publicidad de quien pueda pagarlos. Las
emisoras comunitarias que reciben financiamiento para mantenerse al
aire son privilegiadas, sin embargo, no
todas tienen esa oportunidad, por lo que si
se pretende brindar un servicio eficiente y
de largo plazo es necesario encontrar formas de
sustentabilidad.
No se trata de buscar el lucro, ese no es el
objetivo ni está en su función, pero sí de generar actividades que permitan
ingresos para que la radio pueda cumplir con su función de servicio y
garantizar la permanencia del proyecto social. Mejorar el servicio tiene que
ver con la profesionalización de la radio, la actualización y mantenimiento del
equipo técnico y profesional, realización de producciones propias y de
capacitación, todo esto requiere de recursos, por lo que contar con mecanismos
de financiamiento es indispensable.
Aunque ciertamente las radios cuentan, por
condición propia, con el trabajo voluntario de muchos colaboradores, a los que
hay que capacitar, una radio no puede sólo funcionar con eso. No tienen fines
de lucro, pero tampoco, fines de pérdida. Dependiendo de las posibilidades que
permitan los marcos normativos en cada país, las emisoras se allegan de
recursos para su operación, en este sentido, las mejores condiciones se
presentan en donde se permite obtener ingresos por venta de espacios además de
tener acceso a recursos públicos. Las radios comunitarias en nuestro país están
a cargo de asociaciones civiles quienes por naturaleza propia no pueden tener
lucro y en consecuencia, se cierra el círculo que tradicionalmente les ha
impedido desarrollarse y las obliga a vivir una situación discriminatoria que
les impide una operación sin sobresaltos.
La radio comunitaria en otros países
La radio con perspectiva social tiene sus
antecedentes desde los años 40, pasando por diferentes estadías. En cada
continente se han establecido redes nacionales e internacionales que las
aglutinan, y han tomado diferentes identidades y denominaciones, en Europa se
llaman radios libres, en América Latina han sido radios populares,
participativas, etc.
En América Latina, la historia de las radios
comunitarias se relaciona con las luchas políticas que en el continente
libraron los sectores populares. Surgieron impulsadas por una vocación de
denuncia o reacción ante la situación de desigualdad económica, política y social,
como un espacio para la reflexión y la conciencia acerca de su condición.
Surgen, además, como una alternativa comunicacional ante el modelo de
radiodifusión comercial, dominante en los países de la región. En las zonas
rurales proliferaron las radios católicas impulsadas por su misión
evangelizadora.
Las radios mineras de Bolivia figuran entre las
primeras experiencias de radios comunitarias del continente, su impulso se dio
con los sindicatos mineros en los años 50, la emisora La voz de los mineros,
instalada en la mina Siglo XX, defendía sus condiciones de trabajo y los
intereses de los trabajadores. También las radio escuelas tuvieron un papel
fundamental en los inicios de la radio comunitaria en América Latina. La radio
comunitaria ha estado en estrecha relación con procesos de alfabetización,
campañas sociales, de salud y con las tradiciones y la cultura popular. También
con emisiones clandestinas, como en los casos de El Salvador y Nicaragua, que
se escondían y cambiaban de lugar y de frecuencias para emitir información
sobre sus movimientos y para llamar a la población a su causa durante las
guerras de liberación. En la década de los 80, las radios llamadas
“comunitarias”, “libres” o “participativas”, se sumaron a las llamadas
“educativas”, “populares” y “alternativas” con el objetivo de dar voz a las
mayorías excluidas del sistema político, económico y de medios. En Europa, las
“radios libres” surgieron durante la década de los 70. El monopolio de los
medios electrónicos en Europa estaba en manos del Estado, pero una vez que los
grupos sociales descubrieron la frecuencia en FM, la utilizaron para hacer
escuchar sus críticas a ese monopolio. Los jóvenes comenzaban a asumir un rol
fundamental en los procesos políticos y sociales. Cuestionaron el sistema
imperante en cada país y reaccionaron contra el modelo social y cultural. Las
principales experiencias se registraron en Italia y en Francia. En
Italia, las radios se organizaron como cooperativas con una pequeña planta de
trabajadores asalariados y un importante número de voluntarios. Radio Bologna,
comenzó a emitir en 1976, apoyada por el Partido Comunista Italiano. Radio
Popolare es la radio de información independiente más importante en Italia,
fundada en la década del 70 como resultado de la convergencia de fuerzas de
izquierda con un proyecto de comunicación popular. Aún hoy sigue
transmitiendo desde Milán operada por una cooperativa de trabajadores y
colaboradores, y se ha convertido en una empresa social sumamente exitosa que
transmite vía satélite a varias radios de Europa. En Francia, las radios
también reclamaron la descentralización del monopolio estatal y la posibilidad
de existir. La legislación actual las reconoce y también les otorga facilidades
financieras por parte del estado para su mantenimiento.
En Canadá, las radios comunitarias tienen
reconocimiento legal con escenarios más justos, tienen acceso a recursos
públicos, venta de tiempo aire y de la cooperación nacional e internacional. La
red de radios comunitarias indígena Inui incluso utiliza la tecnología
satelital. La radio comunitaria ha tenido muchas denominaciones de acuerdo a su
desarrollo en cada región y al contexto nacional en el que nacen, a
continuación exponemos las clasificaciones, recopiladas por Rafael Roncagliolo:
• La sindical obrera ligada en Alemania de los años
20 a los sindicatos de orientación socialdemócrata, que más tarde tuvieron su
repercusión en Bolivia con la Red de Emisoras Mineras y en los 80 en Brasil,
con el Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo e Diadema.
• Radios Locales. Con auge en España en los años
30, se aprobaron radios con carácter local. Posteriormente en los 50, algunos
gobiernos europeos autorizaron la presencia de radios con esas características
(Inglaterra, Italia, Suecia, etcétera). Algunos países, como Italia, han
adoptado como política la reserva de frecuencias para ser utilizadas por
estaciones con un alcance muy restringido.
• Pirata. Es un término nacido en Europa,
principalmente en Inglaterra, Dinamarca y Holanda. Su fórmula y propuesta
radiofónica era: rock, publicidad de productos para jóvenes y un disc-jockey
dinámico. Las primeras programaciones estaban sostenidas por multinacionales,
con fuerte presencia de capitales norteamericanos: Ford, Lever, American
Tobacco Company, etcétera. El término “pirata” trascendió el fenómeno europeo y
las experiencias europeas para ser utilizado hasta nuestros días para calificar
a toda radio (o estación de TV) que transmita sin autorización oficial.
Quienes más utilizan el vocablo son quienes con
este adjetivo pretenden descalificar a las emisoras surgidas al margen de los
sistemas establecidos, del tipo que sean.
• Libre. En las décadas de los 60 y 70, comenzó en
Europa una revuelta contra los monopolios estatales de radiodifusión. En
Francia e Italia nacieron las radios libres, que se extendieron posteriormente
por casi todo el antiguo continente. En los años 80 quedaban muy pocas radios
libres de nuevo tipo “democráticas”, como se autodenominaban para diferenciarse
de las puramente comerciales.
• Educativa– Popular. Las experiencias de las
radios educativas, casi todas cristianas, se extendieron por América Latina en
los años 60. Cerca de medio millar de radios de este tipo surgieron en 15
países. En un primer momento dirigieron su atención a los campesinos e
indígenas y en los 70 se suman también a las poblaciones suburbanas y
marginadas.
• Insurreccional. Decenas de movimientos
insurgentes del Tercer Mundo han utilizado a la radio como elemento de lucha.
Son un tipo especial de radio que por fuera del sistema establecido se exponen
a “sanciones” que van mucho más allá de la clausura o la incautación de
equipos. La más famosa ha sido Radio Venceremos en el Salvador.
• Propaladora. Haciendo referencia a una
característica técnica específica. Se trata de radios que se arman en torno a
un sistema de bocinas unidas por cables y montadas sobre postes. Un
amplificador y un micrófono completan el rudimentario equipamiento que permite
una difusión de sonido de corto alcance. Estas difusoras han sido utilizadas
para eventos de breve duración, aunque en algunos casos han tenido un carácter
permanente.
• Trucha. El vocablo proviene del lunfardo
rioplatense. “Trucho” significa, en la jerga popular, falsa, de poca calidad.
Las primeras radios surgidas fuera del sistema establecido en la Argentina
fueron denominadas popularmente con este término. La experiencia pionera nació
a mediados de los años 80. La marginación llevó a uno de ellos a armar su
transmisor, de ahí que cada radio que tenía un transmisor de fabricación casera
le nombraba “trucha”.
• Rural. La existencia de la radio rural en África
data de los años 60. En términos generales, sus objetivos son casi idénticos de
un país a otro. La radio rural tiene encomendado el tratar el tema del desarrollo,
difundir la cultura local, y transmitir las políticas gubernamentales. Esta
definición puede aplicarse a casi todas las emisoras en zonas rurales en los
países desarrollados y en desarrollo.
• Indígena – Aborigen. Históricamente las
poblaciones indígenas han tenido muchas dificultades para acceder a los medios
de comunicación. En algunos países, como en México, es importante establecer la
diferencia entre radios indigenistas y radios indígenas. Las primeras, aunque
tienen un perfil comunitario, son medios de Estado y no cumplen con la
condición de propiedad colectiva ciudadana, las segundas son medios operados y
dirigidos por grupos indígenas, sin intermediación del Estado y con autonomía
en su proyecto.
• Comunitaria. El nombre resalta la idea de
comunidad y destaca el valor democrático de “poner en común”. La expresión
“radio comunitaria”, es quizá la de mayor elaboración teórica, pues sus
miembros se preocupan permanentemente por redefinir las características que
hacen comunitaria a una radio.
• Ciudadana. En los años 90 empieza a
desarrollarse la radio ciudadana, que se define así en la medida en que su
misión se relaciona directamente con el ejercicio de los derechos ciudadanos.
En América Latina, el reconocimiento explícito de las radios comunitarias en
los marcos legislativos es muy reciente. Muchas de las que existieron desde
1947, lo hicieron utilizando la misma forma jurídica de la radio comercial,
pero con una lógica comunitaria Recién en 1995.
Las radios comunitarias son entendidas como medios
“participativos y pluralistas, orientados a satisfacer necesidades de
comunicación en el municipio objeto de su cubrimiento y a facilitar el
ejercicio de los derechos a la información y la participación de sus
habitantes, de manera que se promueva el desarrollo social sostenible, la
convivencia pacífica, los valores democráticos, la construcción de ciudadanía y
la identidad cultural”. Se trata de “organizaciones sociales fuertes, con
absoluta vocación de servicio a la comunidad, sin ánimo de lucro pero sólidas
desde el punto de vista financiero, y con un nivel de funcionamiento acorde a
la tecnología que exige el sector de las telecomunicaciones”.
II.
RADIOS COMUNITARIAS Y
CIUDADANAS EN LA REALIDAD CULTURAL Y SOCIAL
Las radios
comunitarias y ciudadanas están insertas en los procesos culturales, sociales y
políticos de la región. Ellas son, a la vez, artífices y consecuencia, de estos
procesos, de la misma manera que los actores comprometidos en las radios
participaron y participan de otros espacios del movimiento social.
Si los problemas
sociales y de identidad se han acentuado, es gracias a la propia ausencia de
representatividad e integración, sobre todo, a su disminuida capacidad de
interpretación real de los problemas de los sectores sociales que participaban
de ellos, no es menos cierto que también han ido surgiendo en el continente
movimientos sociales y grupos de presión, con otras tendencias en el
entendimiento y la práctica de la política. Movimientos que no se proponen el
objetivo explícito de la toma del poder en que se había formado una buena parte
de los militantes en décadas anteriores, sino más bien grupos que se concentran
alrededor de micro luchas y de relaciones mucho más horizontales y menos rígidas,
campañas que buscan movilizaciones sociales donde quepan más personas y se
pongan en movimientos otras solidaridades
En este
movimiento, que sitúa a los medios de comunicación en medio del escenario
público desplazando incluso a los partidos políticos, se inscribe también el
auge de las radios comunitarias y ciudadanas. Por razones que no son del caso
analizar aquí, las organizaciones políticas no acompañaron los procesos de
participación que se generaron después de las dictaduras militares y de la represión
violenta. La representación histórica de los políticos y de los sindicatos fue
perdiendo significación. Asistimos entonces a dos fenómenos simultáneos. Por un
lado, a la emergencia de un nuevo concepto de ciudadanía, que implica maneras
diversas y plurales de participación social de los ciudadanos. Hay nuevos
escenarios políticos, pero también otras maneras de involucrarse y de
participar en los mismos. La ciudadanía se insinúa como un territorio de lo
común en lo plural, que ayuda a superar la fragmentación social y política.
Hay cambios
también en los roles que juegan los diferentes actores, el Estado, el mercado,
el Tercer Sector, la sociedad civil en general. La cuestión democrática no se
agota en una geografía política. Tiene que ver con la realización de los
derechos y con la negación de todas las formas de discriminación. Si hay
exclusión no existe democracia. Las organizaciones políticas tradicionales
dejaron de acompañar la efervescente participación posterior a las dictaduras
militares.
La representación
histórica de partidos políticos, sindicatos, centros estudiantiles, se fue
lamentablemente degradando. Este fue uno de los motivos para el desplazamiento
del campo de lo político al campo de la comunicación en su sentido más amplio.
La temática de
la ciudadanía y de la democracia se entrelaza con la comunicación, en tanto y
en cuanto el sistema de medios se constituye en un espacio para el debate, pero
sobre todo para la visualización de las realidades y la participación de los
actores plurales. De manera simultánea, mientras la política va perdiendo
credibilidad, la televisión y la radio -con incidencia diferente según las
diferentes realidades- se constituyen en los espacios donde la gente participa,
donde va a denunciar, a decir, a reclamar. Los medios de comunicación se
convirtieron en los últimos años en los lugares donde la gente concurre para
hacer la denuncia que en otro tiempo tendría que haber recibido el juez o el
policía, en el espacio donde la realidad se legitima, pero al mismo tiempo en
el lugar de la manifestación de estéticas diferentes, de expresiones
culturales, sociales, religiosas.
Se genera un
nexo indisoluble entre comunicación y democracia, directamente vinculado a la
emergencia de lo ciudadano y de la ciudadanía como ejes de la acción política y
de las prácticas de comunicación y al mismo tiempo, a la constitución de lo
público en torno a la comunicación.
Como parte
integral de estos cambios se hace necesario reconocer también el surgimiento de
una "integrativa" de lo cultural, no meramente como una derivación y
consecuencia de lo social, sino como un espacio con valor en sí mismo donde lo
masivo adquiere importancia y donde la pluralidad de voces, de actores y la
diversidad constituyen una riqueza que se pone en evidencia. Es, al mismo
tiempo, la etapa de recuperación de la fiesta y de la celebración.
Progresivamente se fue avanzando hacia una mirada donde cultura y comunicación
se constituyeron en dos dimensiones claves de la vida cotidiana hasta el punto
que, tal como lo afirma Rosa María Alfaro, que "hacer comunicación
significa involucrar la dimensión cultural, anotando asociaciones profundas. Y
se hace cultura con ella". El fenómeno de las radios comunitarias y
ciudadanas de los años ochenta y noventa se ubica, en consecuencia, en el marco
de este proceso.
Las Radios
Comunitarias y Ciudadanas adquieren un perfil más claro, más definido, como
resultado de su propia trayectoria y desarrollo, pero también a partir de una
nueva ubicación de los medios como referentes en la sociedad. No porque los
medios tengan poder propio, sino porque se convierten en el espacio de
articulación de lo social, de lo político y de lo cultural. En la gestación del
fenómeno inciden, sin embargo, una serie de factores que se podrían resumir de
la siguiente manera.
·
El abaratamiento de los costos
tecnológicos y el acceso a nuevas formas de emitir;
·
La crisis de los sectores de
delegación y representación política clásica, como pueden ser los partidos y
los sindicatos;
·
Una nueva conciencia sobre los
medios, como un espacio de articulación de lo público;
·
La necesidad creciente de
expresión de las mayorías y minorías sin acceso a medios de comunicación.
Reivindicación del derecho a la comunicación, de libre expresión de ideas, de
difusión de información.
La radio
ciudadana, constituida es una de las nuevas instancias de representación y de
participación, recibe también el impacto de los cambios profundos que están
ocurriendo en la sociedad y está obligada a doblar sus esfuerzos y a pensar otra
vez sus estrategias. Ya no se trata sólo de denunciar a la democracia formal
que rige en muchos países de América Latina. El desafío es asumir a los
mecanismos democráticos como verdaderos instrumentos de transformación y cambio
social, de construcción de una organización social más justa.
Radio Ciudadana y Tercer
Sector
La sociedad,
entendida como el sistema de relaciones entre los hombres y las instituciones y
que sirve como marco para establecer las regulaciones de convivencia entre las
personas, puede dividirse en primera instancia entre Estado y sociedad civil.
El primero es el espacio institucional que asume, a través de instituciones y
normas consensuadas por el conjunto, la representación de todos los ciudadanos
y establece las normas y regulaciones para la convivencia social. El ámbito de
la sociedad civil es un espacio plural, con reglas de juego cambiantes, donde
interactúan actores diversos y plurales, institucionales e individuales.
Sin embargo, a
partir de la conformación de sus propios intereses y finalidades, y a los
efectos de su comprensión, se puede dividir a la sociedad en tres espacios o
ámbitos bien diferenciados, con lógicas, funcionamiento, actores y roles
específicos. El Estado, el mercado y el Tercer Sector son ámbitos que, si bien
están estrechamente relacionados, tienen cada uno de ellos características que
los diferencian.
Tanto el mercado
como el Tercer Sector se ubican dentro de lo que llamamos la sociedad civil. Un
medio de comunicación puede pertenecer a cualquiera de los tres ámbitos.
El Estado cumple
una función esencial de regulación y servicio. El mercado, en cambio, persigue
ante todo objetivos de lucro, aunque esto no descarte totalmente la función de
servicio. El Tercer Sector se define como el ámbito no lucrativo de la sociedad
civil, está compuesto por organizaciones localizadas fuera del aparato formal
del Estado que no tienen como razón última la acumulación de beneficios
económicos, sino que ponen los recursos económicos obtenidos al servicio del
logro de sus objetivos político-culturales y sociales. Las radios
comunitarias y ciudadanas se ubican prioritariamente en el Tercer Sector, si
bien existen experiencias de radios comunitarias dentro del Estado y aún
algunas que responden a una lógica de mercado.
Las radios
comunitarias de propiedad del Tercer Sector comparten con el Estado la
responsabilidad común derivada del carácter público de sus fines y la
característica de la condición no lucrativa de sus actividades. A diferencia de
las radios estatales, las radios comunitarias del Tercer Sector pertenecen a
grupos privados o instituciones sociales y sus tareas son desarrolladas por
personas que se comprometen a tal fin de manera rentada o voluntaria.
Respecto de los
medios comerciales que se ubican dentro del espacio del mercado, las radios
comunitarias y ciudadanas se diferencian porque mientras los primeros persiguen
objetivos particulares directamente relacionados con la obtención de dividendos
o ganancias, estas últimas persiguen fines públicos y no lucrativos. Hay sin
embargo coincidencias: tanto los medios comerciales como aquellos que
pertenecen al Tercer Sector llevan adelante formas de gestiones autónomas e
independientes del Estado.
En el espacio
que llamamos Tercer Sector de carácter no lucrativo podemos reconocer a las
asociaciones de servicios a terceros, de auto beneficio, educativas,
religiosas, políticas, sindicales y organismos no gubernamentales (ONG's).
Estas instituciones cobran formas de partidos políticos, asociaciones
vecinales, asociaciones profesionales, organizaciones de formación, medios de
comunicación comunitarios, sociedades de beneficencia, agrupamientos de
sectores excluidos como homosexuales, pueblos originarios, desocupados, para
mencionar tan sólo algunos de una lista que puede ser mucho más extensa.
En el marco de
la vida social el sector público estatal, el sector privado comercial y el
Tercer Sector, no lucrativo y no gubernamental, coexisten e interactúan
permanentemente entre sí, estableciendo un entramado de relaciones sociales, de
juego de intereses, de pugnas, de conflictos, de juegos y de relaciones de
poder.
La construcción
de la democracia plantea la necesidad de un juego equilibrado de los actores
sociales, a partir del principio básico del reconocimiento de la igualdad de
las personas y la posibilidad de la participación. En esta lógica se instala el
concepto de ciudadanía, como ejercicio de la pertenencia a una colectividad a
partir del reconocimiento de la individualidad que marca la diversidad.
La posibilidad
del ejercicio ciudadano tiene un principio básico que es la igualdad frente a
la ley, es decir, ser reconocidos como sujetos plenos. Dicha igualdad no está
fundada en principios éticos ni religiosos sino en principios contractuales (de
pactos y acuerdos) de pertenencia a una colectividad que, por medio del Estado,
regula su convivencia y traza metas y destinos comunes. La dimensión cultural o
subjetiva de la ciudadanía, se refiere precisamente al grado de pertenencia y
vinculación del individuo con una comunidad de iguales y el reconocimiento de
los otros como parte de esa misma cohesión. Son las dos caras de una misma
medalla: pertenencia y reconocimiento tienen como tarea central la construcción
del interés público.
No se puede
pensar en una sociedad verdaderamente democrática sin una participación activa
del Tercer Sector, sin la organización de los ciudadanos en instituciones que
los conviertan en actores sociales activos con capacidad de negociación y de
toma de decisiones. Una democracia sin un Tercer Sector organizado es una
democracia delegativa en la que los ciudadanos son tales en el momento de
elegir autoridades, pero carecen de participación en la construcción social.
Son precisamente
las organizaciones del Tercer Sector las que introducen una lógica que no es la
del Estado ni la del mercado sino cercana a las necesidades, derechos y también
obligaciones de los diferentes grupos que conforman la sociedad civil.
Es importante
tomar en cuenta que el Tercer Sector no es único ni uniforme, es múltiple en
las agendas, en las formas de organización, en los actores sociales y en las
identidades colectivas (de género, de generación, de sexualidad). Por lo tanto
no es un sector exento de conflictos, diferencias y desigualdades, ni es un
sector autónomo de los otros dos. La dimensión estatal está presente (en las
leyes que lo regulan o en las obligaciones cívicas) y el mercado lo atraviesa
configurando dentro del Tercer Sector nuevas áreas con sus propias lógicas.
Todas estas
interacciones se encuentran en las radios comunitarias y ciudadanas en tanto
organizaciones civiles no mercantiles, con fines públicos (formulados de manera
diferente y específica según cada una de ellas).
Las Radios
Comunitarias y Ciudadanas se definen como medios de comunicación que asumen un
lugar en la construcción democrática en relación con los demás actores
sociales.
¿Qué quiere decir “No lucrativo?
Una de las
características que distingue a las organizaciones del Tercer Sector consiste
en su carácter no lucrativo. Esto significa que los beneficios económicos que
eventualmente se obtengan de las actividades no pueden ser apropiados por sus
productores, es decir que no generan patrimonios particulares. Los excedentes
son reinvertidos en los medios para la producción de los fines estipulados y
los bienes producidos deben ser de consumo colectivo.
"No
lucrativo" no significa perder, ni tampoco no ganar.
"No
lucrativo" no quiere decir regalar, ni quiere decir subsidiar.
"No
lucrativo" quiere decir que no se privatizan las utilidades, que los
recursos que genera la organización pertenecen a la organización y se destinan
a su desarrollo, es decir, al cumplimiento de sus objetivos.
Pero lo deseable
es que en el sector no lucrativo todas las instituciones tengan utilidades,
sean rentables y sostenibles. Una empresa social puede y debe tener logros,
generar ingresos, poder financiarse.
El principal
objetivo de las organizaciones es cumplir con sus funciones sociales y para
ello es necesaria la rentabilidad. Las radios ciudadanas deben estar en el aire
cotidianamente y eso implica encontrar los mecanismos de financiamiento que,
sin perder de vista sus objetivos sociales, les permitan funcionar
adecuadamente.
"Necesitamos
dinero para vivir, aunque no vivamos para el dinero". Las radios
ciudadanas deben generar los recursos necesarios para desarrollar de manera
adecuada sus objetivos, con la característica de que se trata de recursos
privados destinados a usos públicos.
¿Por qué hablar de Radios Ciudadanas?
En nuestras
sociedades los medios de comunicación ha absorbido buena parte del debate que
ocurre en torno a los asuntos públicos e incluso de los asuntos privados,
siendo una representación o puesta en escena de éstos. Este es el marco en el
que se definen hoy en día las radios comunitarias y ciudadanas, cumpliendo un
servicio a favor de la sociedad y de su construcción.
Las Radios
Comunitarias y Ciudadanas son espacios de recomposición del tejido social, son
lugares de representación de diferentes identidades culturales y de
construcción de la democracia. Por otra parte, mediante el acceso y la
participación en los medios, los ciudadanos pueden ejercer ciudadanía al hacer
uso de la libertad de expresión y al acceder, a través de ellos, al espacio
público.
Es importante
tomar en cuenta que hoy en día los medios pueden ayudar a la construcción de
ciudadanía orientada hacia la consolidación de una sociedad democrática y en
ello juegan un papel prácticamente insustituible. Sin embargo, no habría que
perder de vista que "los medios no tienen poder por sí mismos, sino en la
medida que están muy articulados con la producción social, cultural y política
de una sociedad. Ellos echan a circular sentidos que no los inventan, ya están,
sólo los transforman. Pero a la vez, los medios están en el corazón de la
producción cultural actual y las maneras de comunicarse, procesándose cambios.
Los medios de
comunicación en general están vinculados con el ejercicio de la ciudadanía en
varios aspectos. Ejercen ciudadanía porque hacen uso de la libertad de
expresión y porque participan del espacio público. Al mismo tiempo, funcionan
como controladores de las instituciones y ejercen presión sobre ellas.
La
"ciudadanía" es una dimensión que atraviesa todas las prácticas de
los individuos insertos en una sociedad, sin restringir la participación a los
momentos electorales. Lamentablemente en la mayoría de nuestros países se cayó
en el reduccionismo de entender la democracia sólo como la política y ésta como
el ejercicio del sufragio.
La ciudadanía se
ejerce cada vez que se vota pero también en cada interacción con el Estado, en
la participación en la toma de decisiones que afectan al individuo o al grupo
de pertenencia, en la defensa de intereses comunes, en el cumplimiento de las
obligaciones civiles, en el reclamo por los derechos sociales incumplidos.
El ejercicio de
ciudadanía es un proceso de aprendizaje al que contribuyen las diferentes
instituciones presentes en la sociedad, entre ellas los medios de comunicación.
Desde un medio de comunicación siempre se construye ciudadanía: se puede ayudar
al fortalecimiento de una ciudadanía activa y participativa o se puede fomentar
una ciudadanía pasiva vinculada únicamente con el consumo. Es aquí donde las
radios comunitaria fomentan su accionar, como espacios de participación abierta
y como centros de empoderamiento de la sociedad civil en base a sus necesidades
y a lo particular de su accionar comunitario.
Las empresas
comerciales de medios de comunicación construyen audiencias que participan sólo
a través del consumo y, en algunos casos, a través del acceso al debate o a la
posibilidad de la queja. Se homologa ciudadanía con audiencia y participación
con consumo. Otras instancias de participación social están debilitadas o ya no
tienen capacidad de representación y convocatoria. En este contexto los medios
de comunicación asumieron este lugar social pero se corre el riesgo de que se
conviertan en instituciones sustitutas de distintas funciones. La
diferenciación con las radios comunitarias se basa a las facultades
participativas que están brindan, no se trata solo de escuchar y callar, sino
más bien de establecer la agenda pública desde el sentir propio, desde los
cuestionamientos comunitarios y las necesidades originales.
No es función de
las radios sustituir aquellas esferas de la vida política y social a las que
los ciudadanos no tienen acceso real a través de otras instancias. La radio
comunitaria y ciudadana es un ámbito para el ejercicio de la ciudadanía en
tanto forma de organización ciudadana autogestionaria y autónoma, expresión de
intereses colectivos político-culturales en el marco de un proyecto
comunicacional, en el cual un grupo de personas hace uso de sus derechos a la
comunicación y a la expresión.
La radio
ciudadana también se caracteriza por ser un medio de comunicación que ayuda al
ejercicio de la ciudadanía por parte de la comunidad en la que se inserta. De
acuerdo a sus misiones las radios contribuyen al ejercicio de la ciudadanía,
aportan a su construcción cotidiana y a la extensión de su ejercicio a todos
los sectores sociales. En la base de sus objetivos está la democratización de
las comunicaciones, porque de esta manera se contribuye a la democratización de
la sociedad.
Toda acción
destinada a democratizar el acceso y la participación en los medios de
comunicación implica una acción sobre el conjunto de la sociedad. La libertad
de expresión se afirma sobre la justicia social y constituye la mejor garantía
de la democracia. "Nuestra comunicación está en función del
desarrollo", desarrollo económico, social, cultural y de la calidad de
vida. La participación ciudadana en un medio de comunicación no anula las
desigualdades sociales, su función es insertarse en otras acciones colectivas
con el objetivo de ayudar a la construcción de una sociedad democrática.
Es importante
tomar en cuenta, sin embargo, que no existe una sola y única experiencia de
radio ciudadana. Hay diversidad de experiencias que pueden enmarcarse bajo el
mismo título y que responden a trayectorias, procesos y características
distintas. Respetando estos criterios básicos que tienen que ver con la
promoción de la participación y la construcción de la democracia a partir del
derecho a la comunicación, las respuestas se concretan y se diversifican a tal
punto que adquieren, cada una de ellas, particularidades muy concretas.
El universo de
las radios ciudadanas se enriquece con la diversidad de propuestas, de
experiencias, de estéticas. No hay tampoco una sola posición ideológica o
política. El ejercicio de la ciudadanía y, en concreto, la práctica de las
radios ciudadanas habla de la pluralidad de puntos de vista, de posiciones
políticas, ideológicas o religiosas. Desde esta diversidad se trabaja para
garantizar el derecho de todos y cada uno a expresarse y a manifestar sus
propias convicciones, aportando desde allí a la construcción común.
La Radio en la construcción de la ciudadanía
En el contexto
de emergencia de la sociedad civil y del protagonismo creciente de las
instituciones que se mueven en ese espacio (organizaciones vecinales, acciones reivindicativas
locales y nacionales, organismos no gubernamentales de carácter transformador)
la comunicación comunitaria, y las radios comunitarias y ciudadanas en
particular, han ido ganando protagonismo y reconocimiento.
No sin
dificultades -que son similares a las que se enfrentan en otros niveles cuando
se intenta promover estrategias de redes sociales- la radiodifusión comunitaria
ha encontrado estrategias que le permiten, no sólo sobrevivir, sino formas de
consolidar su presencia, de generar nuevas audiencias, de ser vehículo de
participación. La tarea permanente de poner en el aire otras voces y otras
noticias, la preocupación por generar otro tipo de consensos y disensos, por
recuperar el sentido de la fiesta y por facilitar el desarrollo de diferentes
culturas, consolida los logros y establece nuevos objetivos para las radios
comunitarias y ciudadanas. El ejercicio de la ciudadanía consiste en la
participación real y activa de las personas en la construcción de la sociedad y
en su transformación. Se realiza a partir de la asunción de los deberes y
derechos formales para incorporarlos a la vida cotidiana en todos los terrenos
políticos, económicos y culturales.
La ciudadanía
implica reivindicar a los sujetos individuales y colectivos frente a los
poderes. Ser sujetos significa también tener derechos y obligaciones.
"Cuando hablamos de deberes y derechos, hablamos de la capacidad de ser
sujeto de un determinado ámbito, de llegar a controlar o decir algo sobre los
instrumentos que definen los procesos de ese campo".
Ser sujetos es
incidir en la toma de decisiones para dejar de ser objeto de ellas.
Coincidentemente con la capacidad de las Radios Comunitarias para aspirar a ser
protagonistas del desarrollo local desde un posicionamiento más allá que
expectante, tomando la dirección adecuada para procesar las alternativas de
solución frente a la problemática que se vive.
La organización
de la sociedad civil conlleva la descentralización del espacio público y la
distribución más equitativa de los poderes. El poder de la voz, de ser
escuchados y de transmitir – en el pleno uso de nuestra libertad- la realidad
social de nuestras comunidades y el involucramiento en estos procesos, es base
fundamental del que hacer radial. Del mismo modo se entiende la pertenencia en
la construcción de una esfera pública, que no es un espacio cerrado y con
límites permanentes, sino más bien es un campo dinámico con relaciones
cambiantes. Las organizaciones de la sociedad civil contribuyen a expandirlo, a
abrirlo, a descentrarlo.
Las radios comunitarias
y ciudadanas hacen propia la lucha por los derechos humanos. El objetivo será
extender el ejercicio de la ciudadanía a todos los sectores sociales para que,
por un lado, los derechos y obligaciones ciudadanos no sean patrimonio de
ciertos sectores (urbanos, clase media) y, por el otro, no sean un conjunto de
abstracciones. Es decir, para que los sujetos sociales asuman la dimensión
cotidiana del compromiso colectivo y descubran la importancia ética, política y
social que tiene el ejercicio comprometido de los derechos ciudadanos. Esta
re-valorización de la democracia, y de las esferas de acción que competen a
cada individuo, es una tarea a realizar.
CONCLUSIONES
Nuestras
emisoras compiten desde otra forma de masividad. Su popularidad se basa en lo
que permanece y ancla en las raíces de la experiencia social, de la realidad y
de los deseos que parten de la diversidad de identidades. Por ello su
programación sólo puede legitimarse si la audiencia las reconoce como expresión
de sus inquietudes, de sus gustos e intereses.
Para poder ser
competitivos con las opciones de comunicación del sistema, nuestros equipos de
trabajo necesitan tener tiempos para dar paso a la creatividad. Ser creativos
en la gestión comercial de una radio o de un programa y también en la
programación de la emisora o en los formatos y contenidos. Esto implica cumplir
con las reglas de eficacia del medio radial: hacer programas que respeten lo
básico de los géneros formatos que la audiencia - a la que queremos llegar - ya
reconoce como habituales. Así como también generar nuevas propuestas y nuevos
hábitos que constituyan la audiencia para hacer que esta crezca en número y en
participación.
Estamos ante el
desafío de encontrar-crear una audiencia propia para los medios ciudadanos.
Abandonando la pequeña experiencia autosuficiente, buscamos ahora la manera de
renovar la programación de nuestros medios para una nueva comunicación.
El desafío será
no solo transmitir un discurso contra hegemónico sino ser protagonistas de una
práctica política que cuestione el actual consenso. No alcanza con que existan
"oyentes enojados con los medios del sistema" accedan a las radios
para que hagan uso de sus micrófonos. El barrio, la vecina, el representante de
la institución intermedia, ocuparon un lugar en los medios comunitarios para
expresar sus reivindicaciones y eso es ampliamente valorado.
Dice Rosa María
Alfaro: "Placer y utilidad son las dos claves de la recepción". Si el
desarrollo se conecta con ellos "tiene más capacidad educativa que el
retrato racionalizado de una realidad deprimente, oscura y sin salidas".
El poder de los
medios se basa "menos en la imposición que en el convencimiento, la
seducción o la utilidad". Aparece entonces la necesidad de conocer al
receptor, sus demandas y placeres.
La función de
las radios comunitarias y ciudadanas no está sólo dada por la intervención en
lo que estrictamente llamamos política o economía o desarrollo social. Nuestras
radios son un instrumento para el desarrollo, son un medio. Pero también son un
fin a través del cual se contribuye al desarrollo desde lo simbólico, desde lo
lúdico, desde el abrir el micrófono al entretenimiento, el humor, la variación
de ritmos y sonidos.
Para consolidar
estas propuestas, que ya están en marcha en muchas de las radios es necesario
saber ubicar nuestra programación en el mercado sin supeditarse a él.
Constituir la programación a partir de las audiencias. Y para ello hay que
conocerlas de manera sistemática. Para ello existen metodologías que saben desarrollar
los profesionales que a ello se dedican y a las que hemos hecho referencia en
este manual.
La audiencia es
abierta a propuestas nuevas. Pero es exigente respecto de la calidad y la
coherencia de lo que recibe. Aunque muchos opinen lo contrario. La audiencia,
si conoce los objetivos político/culturales, comunicacionales y empresarios de
las radios comunitarias y ciudadanas, exigirá que la propuesta sea coherente
con ello. La audiencia no repara en criticar desprolijidades en el aire, no
duda en expresar si lo que escucha le gusta o no le gusta, si lo informan o no.
El público no está vacío de sentidos y tiene capacidad para discernir. Para que
una propuesta nueva o recreada sea celebrada por nuestro público hay que
articular nuestras opciones con los de la audiencia. Competir con los grandes
medios significa ofrecer alternativas periodísticas y estéticas capaces de
establecer un fuerte lazo con las identidades locales.
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