sábado, 29 de junio de 2013

Radioapasionados




LA RADIO COMUNITARIA COMO HERRAMIENTA PARA EL DESARROLLO DE LAS COMUNIDADES





                         INTRODUCCIÓN


La radio podría ser el sistema de comunicación pública más maravilloso que se pueda imaginar, si fuera capaz no solo de transmitir sino también de recibir, permitiendo así que el oyente además de escuchar, hable
Bertolt Brecht, 1930

En un mundo donde la globalización era el coto vedado de una minoría urbana letrada con acceso a los periódicos y a los libros, las primeras emisoras regulares de radio en los años 20 hicieron posible imaginar que el medio pudiera convertirse en el verdadero “maravilloso sistema de comunicación pública” concebido por Brecht. De hecho la radio origino un cambio radical en la naturaleza de la comunicación social. Con frecuencia esa transformación fue democrática, pero tuvo también su lado oscuro. Poco más de una década después de las primeras estaciones de radio empezara sus emisiones. Adolfo Hitler hizo uso efectivo de la radio para impulsarse hasta el poder.
La radio se desarrolló de maneras muy diversas en diversas partes del mundo. En Estados Unidos la competencia y el espíritu de lucro fueron la norma. En Europa y en sus colonias, la radio fue sujeta al control estatal centralizado. Y América Latina desarrollo una ensalada radiofónica de estaciones estatales privadas, eclesiásticas, universitarias, de intereses especializados y pueblos indígenas.
Con el paso del tiempo los modelos se entremezclaron y cambiaron. La radio comercial surgió en el occidente y luego en el este de Europa. La radio pública paso a formar parte de los medios de comunicación en Estados Unidos. En África, muchas de las redes nacionales están en vías de descentralización, adquiriendo nuevos objetivos, como el desarrollo, la educación y la participación comunitaria.
De todas maneras al acercarnos al fin de siglo la radio parece estar en decadencia. Eclipsada por otros medios. En gran parte del mundo, la mayoría de estaciones de radio optan por realizar la programación más insípida posible en espera de atraer a los oyentes sin ofender a nadie, o por el contrario adoptan un enfoque sensacionalista, con intención seductora, pero provocando a todo el mundo. Pero en las últimas décadas se viene dando un tercer tipo de radio, una alternativa a la radio comercial y estatal. Con frecuencia llamada radio comunitaria, su rasgo más característico consiste en comprometerse con la participación comunitaria a todos los niveles. Mientras los oyentes de la radio comercial pueden participar en la programación de modo limitado, a través de tribunas libres por línea telefónica o pidiendo su canción favorita, los oyentes de la radio comunitaria son a la vez productores, gerentes, directores, evaluadores y aun los dueños de las estaciones.  Esta radio no está llena de música pop y noticiarios “superficiales”, ni con comunicados oficiales o contenido cultural aprobado por el gobierno. No es tan importante que la programación sea refinada como el que esté basado en un concepto de comunicación participativa. El papel de la radio radica en atender las prioridades  establecidas por la comunidad de forma que puedan facilitar su discusión, fortalecerlas y desafiarlas. Es difícil barajar todos los intereses de una comunidad, y la radio comunitaria no siempre acierta a hacerlo. Sin embargo cuando lo consiguen sus emisiones tienen una fuerza pasional rara vez alcanzada por los medios estatales de gran escala o los comerciales. Esa pasión se deriva del ansia de involucrar a sus oyentes facilitando y alentando su participación no solo en la radio, sino en los procesos culturales y políticos que afectan a la comunidad.  

JUSTIFICACIÓN

Los medios masivos de comunicación se han convertido en elementos fundamentales dentro de la cotidianidad de las comunidades occidentales modernas. La existencia y reconocimiento dentro de un conglomerado requiere de una previa mediatización de acciones, personajes y situaciones, es decir la exposición en el nuevo púlpito sagrado e incuestionable.
Dentro de este contexto, la radio constituye uno de los medios de mayor incidencia dada sus características inherentes: la inmediatez, versatilidad y su facilidad de acceso, en calidad de audiencia por parte de todos los estratos sociales.  Sin embargo el acceso a la producción y dirección de la radio no reviste la misma facilidad y democratización, debido a los altos costos en licencias y equipamientos requeridos, sin mencionar la especialización del material humano. Por este motivo, cada día son menos los hacedores de radio independiente. Las emisoras se han unido estratégicamente en empresas de entretenimiento o han sido vendidas a los grandes monopolios de la información generando la reducción de las opciones de opinión a dos a tres opciones preponderantes y mayoristas.
A partir del año 1993 nace legalmente en el Perú el servicio de radio comunitaria, en una época convulsionada por el terrorismo y la corrupción del gobierno del ex presidente Alberto Fujimori. Este tipo de servicio de radiodifusión está orientado a difundir programas de interés social para los diferentes sectores de la comunidad que propicien su desarrollo socioeconómico y sociocultural, el sano esparcimiento y los valores esenciales de la nacionalidad, dentro de un ámbito de integración y seguridad ciudadana.
Sin embargo a pesar de ser grandes iniciativas radiales, muchas de estas eran quijotescas y sin coordinación en medio de las cuales los objetivos se pierden en el horizonte. Pese a estas circunstancias las experiencias de radio comunitaria se hacen cada vez más significativas para los habitantes de las localidades en las que se desarrolla, por cuanto los escenarios de participación y movilización social que esta genera se construyen y alimentan desde las realidades individuales y comunitarias de dichos habitantes. Se trata de una labor empírica que por su misma naturaleza, enriquece las posibilidades de visibilizar a cada persona con su historia,  a cada comunidad en sus espacios de encuentro y desde ahí, invita a pensar las realidades sociales que les competen a unos y a otros.
La comunidad es consciente del hecho de que la radio de su localidad es un espacio de encuentro con sus vecinos, con los líderes que gestionan procesos de desarrollo, y con esas informaciones que nacen de las entrañas de su municipio. Esto los motiva reivindicar el derecho a participar de manera democrática en las soluciones que mejoraran la calidad de vida de sus conciudadanos.

Cada una de las dinámicas que se tejen alrededor de la radio comunitaria hacen de esta un escenario propicio para entender lo comunitario desde la construcción colectiva de saberes y la aplicación de estos en la solución de una problemática común, y para comprender la solidaridad, generada  desde la sensibilización frente a las adversidades del otro y el sentido de lo ciudadano para construir un bien común.
Por tal motivo es de vital importancia el análisis metodológico de la incidencia de la labor de las emisoras comunitarias en el contexto de las comunidades vulnerables a nivel regional y municipal, que permita esbozar un modelo de comunicación participe en el desarrollo de modelos de movilización social y gestión comunitaria desde el punto de vista del contenido propuesto,  enfoque de su parrilla de programación y los espacios reales de participación comunitaria. Es decir que abarque el aspecto del cumplimiento de la función social para la cual ha sido creada esta figura. Esta dinámica permitirá que se genere un proceso de congregación social desde los liderazgos comunitarios, para motivar a las comunidades más vulnerables a buscar y proponer alternativas de solución coherentes con su realidad actual.

La relevancia de la investigación en el ámbito de las ciencias de la comunicación, radica en que se trata de una iniciativa tendiente a la aplicación práctica de las teorías sobre radio comunitaria y comunicación alternativa a la realidad social y cultural de las comunidades vulnerables en los departamentos alejados del Perú. De hecho el estudio permitirá establecer una guía metodológica para lograr un enfoque más acertado que permita convertir a estos medios de comunicación en una organización social al servicio del desarrollo económico, social y cultural de las comunidades, dada la sensibilidad social que revisten en ellas otros aspectos.



DESARROLLO 


I.                    UNA APROXIMACIÓN A LO COMUNITARIO

La existencia de iniciativas como la Radio Comunitaria viene cobrando fuerza a través de discursos, prácticas y relaciones que defienden vínculos de solidaridad y reciprocidad en las sociedades contemporáneas. Usamos el término comunidad, a pesar de los riesgos y la indeterminación que ofrece, porque precisamente nos preguntamos si brinda alguna especificidad a manifestaciones de diverso signo que se reclaman bajo su. Este hecho sugiere la necesidad de repensar el concepto de comunidad y sus relaciones con otras categorías que son imprescindibles para comprender la marcha de los procesos humanos y culturales de hoy.

Un término que hace historia

Empecemos por decir que el concepto de comunidad, a pesar de haber sido central en la conformación de los campos de investigación de la Ciencias Sociales, en especial de la Sociología, la Antropología y la Teoría Política, es lo que podríamos llamar un concepto problemático ya que no goza del consenso teórico al interior de una u otra disciplina. Pero además, vale decir que ha sido usado en diferentes  momentos de la historia de la humanidad para defender o atacar modelos de sociedad contrapuestos.
Bajo la palabra comunidad se pueden reunir concepciones como: barrio, localidad, nación, raza, etc. El término comunidad connota tantas y tan diversas significaciones como imaginarios y cargas ideológicas. Sobre esta premisa, intentaremos ubicar ciertas trayectorias históricas del término.

¿Individuo v/s comunidad?

La comunidad entendida en términos micro y caracterizada por la homogeneidad, el aislamiento, la autosuficiencia y la solidaridad interior se contraponen a los principios fundamentales de la constitución de la  ciudadanía en el contexto liberal. En este sentido, el sujeto miembro de una comunidad está atrapado en la tradición y pierde su especificidad como individuo miembro de una sociedad que le permite ejercer, exigir y defender sus derechos sobre las garantías de la ley. Así, la relación con sus cercanos se traduce en una actitud refractaria al cambio, apegada a los símbolos compartidos y sustentados en la subjetividad no reflexiva, sino heredada a través de la memoria colectiva, que lo, conducen a actitudes de hostilidad hacia el exterior.
El asunto que está en juego es de nuevo la pregunta por el orden social, por la convivencia en un mundo cada vez más plural. Esta pluralidad se convierte en un problema para la convivencia porque está determinada por las diferencias entre las ideas de lo que es un buen vivir, que exigen ser satisfechas y remiten a la idea de justicia, puesto que presuponen principios de igualdad y libertad. En otras palabras, los individuos que hacen parte de un ente social desean llevar a cabo su propio ideal de bienestar o de buen-vivir, asegurar sus derechos y estar en la libertad de exigirlos (incluso en detrimento de los derechos individuales de otros)

¿Comunidad v/s sociedad?

En el caso de la sociología, la connotación más fuerte del uso de la noción de comunidad deriva de la propuesta de una polaridad en la que comunidad y sociedad son opuestas y no obstante, secuenciales. Así, la comunidad atiende a criterios de aquiescencia, simpatía, confianza, interdependencia y la sociedad en contraste con los de extrañeza, antipatía, desconfianza e independencia propios de la asociación. La sociedad avanza desde la comunidad en dirección a formas de asociación que  configuran el desarrollo de la sociedad moderna

La comunidad se constituye a partir de una la voluntad esencial o natural, que incluye el pensamiento como actividad psicológica. La sociedad atiende una voluntad arbitraria, instrumental o racional que es producto del pensamiento de cada individuo.
De esta tradición sociológica surgirán después escuelas que pondrán al centro de la investigación el asunto de la comunidad, atada a su connotación espacial (local), y sobre la búsqueda de respuestas a la difícil integración social, o la nostalgia frente a un pasado más armónico. En esta inflexión se inserta la tradición investigadora de la antropología, la cual logrará demostrar que su provisión conceptual y metodológica es eficaz para evidenciar que, a pesar de la modernidad, la sociedad continúa necesitando vínculos afectivos, rituales y principios como el de reciprocidad para existir.
En la actualidad, el tema de la comunidad parece aparentemente saldado en los enfoques que vinculan los planos micro y macro en la investigación social, así como en la, cada vez más frecuente, opción por enfrentar los estudios de forma multidisciplinaria. Sin embargo, es aparente, en tanto en sí mismo el concepto contiene la misma ambigüedad y provoca similares reacciones en contra y a favor de su uso en todas las disciplinas.

De la comunidad a lo comunitario

Es casi imposible separar los rasgos característicos que asumió el concepto de comunidad en las distintas disciplinas y períodos, no obstante podríamos recoger algunas de las nociones que consideramos predominantes. Estas nociones responden a diferentes niveles y refieren diferentes universos de significado, y las ubicaremos en torno a espacios de relación conceptual.

Podemos, a partir del breve recorrido histórico, formular un rasgo clave y permanente del concepto comunidad, y es el que alude a su carácter dimensional. En este nivel, el concepto de comunidad se entiende como contenedor de un grupo determinado, a su vez, por las condiciones del espacio. Se refiere a una noción que llamaremos morfológica, del término comunidad, en tanto alude a su forma y dimensiones. Esta noción, al parecer, restringe la existencia de "la comunidad" a condiciones formales dadas, y por tanto estática y prefigurada, al punto de atribuirle una identidad casi ontológica.
Desde esta perspectiva, la noción de comunidad se convierte en un comodín que sirve para nombrar grupos de diferente índole y homogeneizar individuos diversos bajo una misma denominación atendiendo a una forma indeterminada que está vacía de contenido.
Leída desde la tensión, la comunidad se establece sobre el entramado de cruces socioculturales en que lo tradicional y lo moderno se mezclan. Se instala como una forma cultural que responde a procesos de hibridación que conforman la cultura y en esa medida trasciende lo meramente morfológico, para insertarse en la dinámica social y adquirir sentido. En este tránsito, la comunidad se deslinda de su mera descripción formal para convertirse en un atributo de hechos sociales más amplios: lo comunitario.
En los últimos años hemos visto surgir ciertas dinámicas sociales, políticas o culturales que evidencian nuevas formas de sociabilidad, de relación social o de organización política de carácter solidario y emancipador. La proliferación de iniciativas colectivas en América Latina que se reclaman como comunitarias conjugan elementos que son propios de la tradición comunitaria de las culturas ancestrales, pero también son fruto de los modelos de desarrollo que han generado grandes cantidades de gente excluida en todos los sentidos. La forma particular en la que el proyecto modernizador ha sido apropiada y re significado en nuestros países ha generado diversos procesos relacionados con la recomposición de los tejidos  sociales básicos, con la emergencia de nuevos actores sociales y con nuevos modos de entender lo público, que giran en torno a la reivindicación de valores y vínculos.
En este punto, consideramos valioso retomar un fragmento del libro Culturas Híbridas que traduce este espíritu:

"Los países latinoamericanos son actualmente resultado de la sedimentación, yuxtaposición y entrecruzamiento de tradiciones indígenas (sobre todo en las áreas mesoamericana y andina), del hispanismo colonial católico y de las acciones políticas, educativas y comunicacionales modernas. Pese a los intentos de dar a la cultura élite un perfil moderno, recluyendo lo indígena y lo colonial en sectores populares, un mestizaje interclasista ha generado formaciones híbridas en todos los estratos sociales"

Justamente, lo comunitario se inserta en procesos de hibridación cultural que, vale la pena precisar, están a su vez insertos en contextos sociales que implican conflicto, relaciones asimétricas y responden a una determinada historicidad. Entonces, la comunidad y lo comunitario no son el sustantivo y adjetivo de la misma noción, sino son fundamentalmente diferentes. La comunidad, como lo expresamos anteriormente, alude a una forma que adoptan diversas agrupaciones sociales, y que puede tomar diferentes significaciones que van desde la que se identifica con la tradición (como en el caso de las comunidades indígenas), hasta la que connota integración y cohesión social en sociedades modernas (por ejemplo, la comunidad de industriales). Mientras que lo comunitario, corresponde a la función de significar fenómenos sociales de diverso tipo, dentro de los que se encuentra la Radio Comunitaria.

Cuando decimos "significar" fenómenos sociales estamos afirmando, como lo anticipamos en párrafos anteriores, que lo comunitario se define a partir de la cultura. Asumimos lo que Thompson llama una concepción estructural de la cultura de acuerdo con la que los fenómenos culturales pueden entenderse como formas simbólicas en contextos estructurado. Así, pueden existir, o no, coincidencias entre las características que recibe algún fenómeno social que adquiere el sentido de comunitario y los rasgos morfológicos que se atribuyen al concepto de comunidad. Nos resulta interesante el término de cultura de Thompson en tanto determina el análisis cultural como el estudio de la constitución significativa y de la contextualización social de las formas simbólicas que, tal como lo expresamos en la introducción de nuestro trabajo, se encuentran en la base de nuestra propuesta. Adoptar esta perspectiva implica en concreto comprender que las, formas simbólicas, como es el caso de lo comunitario, son expresiones producidas por sujetos ubicados en contextos socio históricos específicos, recibidas por otros sujetos igualmente contextuados y sometidas a procesos constantes de interpretación, valoración y evaluación.

Lo que pretendo proponer en este trabajo, es la idea de que lo comunitario corresponde a una construcción de sentido que, en tanto alude a la dimensión simbólica de la sociedad que llamamos cultura, es susceptible de ser interpretada y analizada en su contexto. Del mismo mono, que lo comunitario puede ser leído como una forma simbólica que se presenta como constructiva de un fenómeno significativo, en el caso concreto de nuestro estudio, del fenómeno de la Radio Comunitaria.  Propuesta esta distinción y en este marco, toma forma la pregunta central que conduce a la investigación, la cual es oportuno recordar:

¿Cómo se ha transformado la definición y el sentido de lo comunitario en la Radio Comunitaria en el Perú, desde sus antecedentes hasta su actual resurgimiento?

Es correcto decir que el desarrollo de la investigación en términos teóricos y metodológicos, y en concreto el análisis de los datos, están dirigidos tanto a buscar posibles caminos para dar respuesta a la pregunta formulada, como a comprender el fenómeno social que constituye la Radio Comunitaria en el contexto Local, Regional y Nacional a partir de la construcción del sentido de lo comunitario.

La identidad, el territorio y lo comunitario

Una relación que consideramos vital en la construcción de sentido de lo comunitario es la que ésta establece con la noción de identidad. En este aspecto, lo comunitario connota significaciones adversas. Por un lado se ve como la posibilidad de generar identidades colectivas basadas en significados compartidos del mundo, y por otra, se ha visto como el obstáculo para que el individuo constituya su propia identidad desde la reflexividad.

De esta manera, consideramos que la construcción de sentido de lo comunitario corresponde a una serie de identificaciones que se estructuran social, cultural e ideológicamente. Comprender el sentido de lo comunitario, y más específicamente referido al fenómeno de la Radio Comunitaria, conlleva a desentrañar el proceso mediante el cual una serie de experiencias se nombran y sor: nombradas como comunitarias, se reconocen o no en dicha denominación, la apropian y le confieren sentido desde el lugar (espacio - tiempo) en que se organizan y controlan. Es decir, preguntarse por lo comunitario en la Radio Comunitaria implica preguntarse por su identidad.

Este propósito nos ubica de nuevo en otro eje, que consideramos vital para la comprensión de nuestro fenómeno. Se trata de la construcción del territorio entendido, tal como lo afirma María Ana Portal, como el ámbito donde se arraigan las identidades.
Decimos vital porque, tal como lo expresamos desde la introducción, la dimensión espacial de la Radio Comunitaria es entendida como uno de los niveles de análisis que determinan el fenómeno. Vale la pena recordar que en la construcción de nuestro objeto de estudio, desde el inicio del proceso de investigación, la dimensión de lo local es privilegiada. Por ello, la aproximación al concepto de territorio como categoría que se relaciona con lo comunitario tiene un gran valor explicativo en el marco de nuestro análisis.

Esta forma de entender el territorio acerca nuestra pregunta por lo local a una dimensión más apropiada de la construcción del fenómeno significativo que abordamos, pero además nos permite ubicar esta dimensión en el mismo eje del análisis sociocultural que atraviesa el sentido de nuestro trabajo.

Para comprender lo público

En este aparte, nuestro propósito es acercamos a la categoría de lo público e identificar sus características y las conexiones que ha tenido a lo largo de su configuración histórica con la comunidad y lo comunitario. Posteriormente, la idea es poner a operar esta categoría en relación con lo comunitario sobre el desarrollo del análisis socio histórico y la interpretación de los datos.

Desde su concepción clásica lo público ha sido emparentado con la noción de comunidad y en la marcha de su configuración histórica esa noción ha determinado algunos de sus rasgos distintivos y conflictivos más sobresalientes. En efecto, en la ubicación de los sentidos más usuales que connota lo público como categoría política, en contraposición a la categoría de lo privado, se encuentra su acepción como lo común.

"Lo público como lo que es de interés o de utilidad común, que atañe a lo colectivo, que concierne a la comunidad, y por ende a la autoridad de ella emanada, contra lo privado como aquello que se refiere a la utilidad y al interés individual. (...) De allí también que en algunas definiciones el término "público" aparezca como "lo perteneciente o concerniente a todo un pueblo, lo que emana de un pueblo", de donde se desprende la referencia la autoridad colectiva, al Estado. En oposición, lo privado en esta primera acepción, designa lo que es particular e individual y aquello que en su origen, pretende sustraerse a ese poder público (entendido como poder de la colectividad)".
Como podemos ver, este sentido de lo público nos remite a la idea de comunidad en términos macro sociales y apunta además, a la asimilación de lo público como político, entendido esto último más como estatal.
Como rasgos que permiten evidenciar el carácter público de un fenómeno social, cada uno de los sentidos mencionados se observa en diversas experiencias de Radio Comunitaria, sin responder necesariamente a un orden coherente o unívoco. Estas características, tal como lo afirma Rabotnikov, se han articulado históricamente de diversas maneras, y desde nuestra perspectiva se siguen articulando en las experiencias singulares incluso sin atender a un modelo determinado de lo público. Ciertamente, se han logrado reconstruir o establecer diferentes modelos de lo público que significan, así mismo, variadas formas de constitución política y social que también determinan en gran medida, las formas de relación que se establecen entre el individuo, lo colectivo, el Estado y el mercado. Desde el modelo clásico de la polis griega que se constituye en un paradigma hasta la idea sistemática de un espacio público que es instrumento para reducir la contingencia jurídica y política en las sociedades, pasando por la idea de espacio de expresión y crítica moral de la política o bien de la argumentación racional que integra.

La delimitación de lo público se ha hecho a través de traspasar la noción abstracta a la objetivación en un espacio, entendemos espacio no sólo como referente físico sino también como flujo de relaciones y ámbito comunicativo. Aunque en las sociedades modernas la premisa básica que subyace a la existencia del espacio público es la diferenciación entre sociedad civil y Estado, su construcción no se limita a su relación en términos políticos en sentido estricto, sino que encuentra anclajes también en el campo de lo social y lo cultural.

En términos socioculturales la existencia de lo público y su constitución como espacio implica una serie de relaciones marcadas por la constante ida y vuelta entre los procesos identitarios y la integración de diversos niveles de la estructura social que se consolidan en espacios de intercambio y procesos comunicativos.  Esta separación es válida en términos analíticos porque permite decodificar el sentido de lo público en el análisis del trabajo empírico, pero no es más que eso, ya que es imposible hablar del sentido de lo público sin remitir, como lo mencionamos anteriormente, a la puesta en interacción de los actores que constituyen nuestras sociedades y en esa medida, a los espacios políticos en los que se construyen las alternativas de participación y comunicación.






II.  LA RADIODIFUSIÓN COMUNITARIA

En muchos países, el asunto de las radios comunitarias
ha sido visto hasta ahora como una trasgresión a normas técnicas,
de regulación del espectro, como un aspecto de la delincuencia
o incluso, como un asunto de seguridad nacional.
En el enfoque que propongo, las radios comunitarias
son experiencias que se relacionan con
el ejercicio de la libertad de expresión,
y su situación es un indicador
del grado de respeto de esos derechos
en los países del continente americano.

Gustavo Gómez

El despertar los derechos informativos

El tema de las radios comunitarias está directamente relacionado con el ejercicio de los derechos humanos y la libertad de expresión, no es la búsqueda de protagonismos, ni enriquecimiento o de injerencia de “extraños” grupos o intereses, es y ha sido la búsqueda para que la libertad de expresión quede arraigada en las bases ciudadanas, en la democracia.


La libertad de expresión y el derecho a la información implican el derecho a expresar nuestras opiniones, lo que pensamos y lo que queremos, sin que nadie nos lo impida, nos persiga, ni nos castigue por ello. Cuando se restringe la libertad de expresión de un individuo, no sólo es el derecho de ese individuo el que está siendo violado, sino también el derecho de los demás a recibir informaciones e ideas diversas y plurales.
Sin embargo, en nuestro país este derecho es sólo posible para unos cuantos, pocos tienen la posibilidad decir su opinión en un micrófono o frente a una pantalla de televisión.
La importante conquista de reconocer la libertad de expresión como un derecho humano de todas las personas, ¿en qué se convierte si no tenemos la misma libertad de fundar una radio o utilizar un canal de TV? Así como ahora consideraríamos inadmisible el cierre de algún periódico por reivindicar sus opiniones y agenda social, pues sería un atentado a la libertad de prensa, lo mismo sucede con una radio, ya que con este instrumento, los grupos sociales están haciendo uso de su derecho, sólo que en lugar de la prensa están utilizando un soporte técnico distinto que se llama radiodifusión.
A fuerza de no ejercer los derechos informativos casi se nos olvida que existen. Hoy cada vez más, existen grupos ciudadanos que aspiran a contar con medios propios para impulsar sus agendas, incentivar la pluralidad informativa y de voces, ante la avasallante homogeneidad informativa cotidiana, ante la característica invisible impuesta por los medios tradicionales a sus propias necesidades.
La radio comunitaria ha sido el instrumento y el espacio para debatir abiertamente lo que preocupa a las diversas comunidades de una sociedad. Las radios comunitarias responden en muchos casos a las necesidades, intereses, problemas y expectativas de sectores muchas veces relegados, discriminados y empobrecidos de la sociedad civil.
La necesidad creciente de expresión de las mayorías y minorías sin acceso a medios de comunicación, y su reivindicación del derecho de comunicación, de libre expresión de ideas, de difusión de información hace imperante la necesidad de buscar bienes y servicios que les aseguren condiciones básicas de dignidad, seguridad, subsistencia y desarrollo.
El interés de la ciudadanía para impulsar espacios de radiodifusión comunitaria habla de un avance democrático en nuestro país, de un entendimiento acerca de la importancia del desarrollo social integral, equitativo y justo, y de una promoción de una cultura política de respeto y tolerancia, donde la sociedad participa, opina y genera propuestas corresponsables.
Para la UNESCO “la función principal de la radio comunitaria, incluye incentivar los procesos democráticos de manera local, dándoles ‘voz’ a los pobres y marginados; incrementando la diversidad de contenidos y el pluralismo de información a nivel local, para de esta manera reflejar y promover la identidad, carácter y cultura local; fomentando la creación de voces y opiniones diversas, así como la expresión individual, alentando a la participación, la innovación y el compartir información”.

Movimiento ciudadano. Los primeros pasos

El ciudadano, como sujeto de derechos y obligaciones civiles, políticas y sociales, tiene poco tiempo de existencia, particularmente en el Perú. Si bien ha surgido lleno de vigor, parece hundido en toda suerte de contradicciones. Llegamos tarde a la fiesta de la democracia, cuando su celebración universal como ideal político coincide con el creciente desencanto que provoca en todas partes.
El ejercicio ciudadano no se contrae, como hace unos años, a la mera denuncia o la oposición, sino que avanza en formas múltiples de afirmación de lo propio, en formas creativas y originales que brotan de la diversidad característica de nuestra sociedad; pero al mismo tiempo, a menudo las organizaciones son atrapadas en la lucha por la supervivencia y con demandas inmediatas y circunstanciales sin horizonte de largo plazo.
El derecho a la comunicación, en este contexto, no ha sido considerado suficientemente por las propias organizaciones sociales, al menos en la extensión que lo estamos viendo ahora, salvo aquellas que están especializadas en el tema. Los ciudadanos llegamos tarde a la fiesta de la democracia y también al de la utilización del espectro radioeléctrico, pues en su mayor parte está repartido en manos privadas, bajo la lógica de la rentabilidad económica y política.
El entendimiento de la actividad radiodifusora como actividad empresarial, como objetivo básico, es la lógica bajo la cual opera la administración de un bien público, como lo es el espectro radioeléctrico.
Así, antes que el servicio que dará una emisora en un área geográfica específica, primero se califica la capacidad financiera que tiene el peticionario para determinar alguna autorización; los empresarios de los medios electrónicos hacen la defensa de la radiodifusión desde el discurso de la viabilidad de la empresa mediática que genera puestos de trabajo e inversiones, y luego de paso, hablan de la libertad de expresión; legisladores se resisten a cambiar las leyes en la materia y su primer argumento es que pone en peligro a la industria de la radio y la televisión. Se defiende la actividad no como el ejercicio del derecho constitucional de expresar las ideas, sino como un aspecto del derecho de ejercer una industria lícita o de propiedad privada. Es el mercado y sus reglas quienes determinan la actividad radiodifusora, la prioridad, antes que el servicio público, es transmitir lo que vende, ganar audiencias no por la legitimidad social, sino por la pelea del rating para vender más espacios y a mejores precios. El mercado se impone como el principal o único regulador de la radiodifusión, que fija patrones de consumo desmedido, omite la responsabilidad social y por lo tanto la posibilidad de la participación social en los medios.
En contraposición a esta tendencia, cada vez es más creciente la conciencia de la importancia de la información en la construcción de la ciudadanía y el ejercicio de sus derechos, es así que lo tecnológico no se convierte en un fin sino en la posibilidad instrumental para difundir información, ideas y opiniones, es lo que propicia la creación de múltiples radios operadas por grupos ciudadanos en el país: “Los medios de comunicación son un ámbito nuevo de ejercicio de la ciudadanía”.
Ser ciudadano en el siglo XIX era tener propiedad y votar; en el siglo XX, alfabetizarse es requisito de la ciudadanía real, pero también lo es acceder a la vivienda o, más adelante a la instrucción primaria. Con los medios se genera un espacio de ciudadanía de enorme riqueza, pues toca uno de los aspectos centrales de la sociedad de hoy, o de quienes poseen las capacidades técnicas para su manejo. Producto de estos procesos, cada vez más países reconocen la existencia e importancia de los medios comunitarios y, con ello, de la capacidad y derecho de la sociedad civil de contar con medios propios. De la mano con lo anterior, algo está cambiando en el mundo.

¿Qué es la radio comunitaria?
Lo que ahora conocemos como radio comunitaria tiene sus antecedentes en los primeros intentos por utilizar a este medio para fines sociales.
La radio comunitaria y ciudadana, se define así, en la medida en que su misión se relaciona directamente con el ejercicio de los derechos ciudadanos y como un espacio de encuentro: “Las radios comunitarias y ciudadanas son espacios de recomposición del tejido social, son lugares de representación de diferentes identidades culturales y de construcción de la democracia, pues ejercer ciudadanía es dejar de ser neutrales”.
Establecer las condiciones necesarias para la construcción de ciudadanía supone entenderla como la pertenencia de los sujetos a un tejido social, que es la comunidad, la sociedad civil que toma posturas frente a realidades concretas donde ser ciudadano conlleva el ejercicio de los derechos civiles, políticos y sociales, pero también de responsabilidades y obligaciones, de participación activa para desarrollar acciones en función de intereses individuales y colectivos, que permitan igualdad de oportunidades para el desarrollo de capacidades y de una vida digna.
En este sentido, la radio comunitaria debe tener claro, y así dejarlo saber a través de su perfil y objetivos específicos, que se compromete con los intereses de los sujetos sociales de su comunidad frente a diferentes realidades y problemas, mostrando la diversidad y pluralidad de los sectores; buscar y defender la legalidad democrática y focalizar las problemáticas específicas de las comunidades a las que atiende. La defensa de los derechos humanos, la promoción de un desarrollo humano sostenible, la equidad de género, el respeto a las identidades étnicas,  la preservación del medio ambiente, el protagonismo de los jóvenes y sus propuestas, la protección a la niñez y de las personas adultas mayores, la educación y la salud, así como la integración nacional y regional, constituyen los ejes fundamentales que determinan el perfil de las radios comunitarias. Por otra parte, la necesaria diversidad informativa en torno a las problemáticas de la comunidad es, también característica indispensable que nos permite identificar a las radios comunitarias. En este sentido, una radio comunitaria o ciudadana, es una propuesta social que un colectivo u organización ofrece a la sociedad, exponiendo claramente cómo pretenden estar y en consecuencia incidir en ese tejido social. Entendida así, la radio comunitaria es un proyecto político, en el sentido de que asume compromisos y toma posición respecto a la problemática concreta en que vive y se ubica en el contexto social en donde se desarrolla. Así, por ejemplo, tenemos radios de mujeres reivindicando sus derechos y su forma de querer ser vistas y tratadas por la sociedad; radios indígenas que defienden y fortalecen su identidad cultural en el marco de la realidad nacional; radios de jóvenes que proponen su visión, preocupaciones y formas de afrontarlas. La lista de proyectos específicos es tan amplia y heterogénea como la sociedad misma, sin embargo, lo que pretendemos dejar claro es que una radio comunitaria responde a un proyecto político, que no partidista, de mediano y largo plazo, y las decisiones sobre su función son tomadas por el grupo que sostiene dicho proyecto, es una reivindicación de los sujetos individuales y colectivos frente a los poderes. Esta reivindicación se expone en forma de ideas, opiniones y lenguajes integrados radiofónicamente en pleno ejercicio de la libertad de expresión en la esfera de lo público, con el fin de aportar a un diálogo colectivo para la construcción de los consensos y del debate que lleve a una participación corresponsable. Por ello, las radios comunitarias representan la posibilidad de los ciudadanos comunes, “los de a pie”, para ejercer su libertad de expresión y, en todo caso, sentirse involucrados, reconocidos e identificados con sus planteamientos y contenidos a través del soporte tecnológico que es la radiodifusión.
De esta manera, los campesinos, los indígenas, las amas de casa, los jóvenes, las mujeres, los hombres, entre otros, pueden expresar sus ideas, su pensamiento, lo que quieren, lo que aspiran, lo que sueñan, lo que les enoja, lo que les alegra, finalmente, lo que cada uno es. Es también es la posibilidad de las comunidades de ejercer su derecho a la información, pues escucha y conoce las opiniones e ideas de los otros, accede a información que le permite saber diferentes puntos de vista, formarse una opinión y tomar su propia posición frente a la problemática de su comunidad o de la sociedad en general.
La radio comunitaria tiene también la misión de promover y fortalecer directamente el ejercicio de los derechos ciudadanos, la persona ciudadana como actor social activo con capacidad de negociación, de incidencia y de toma de decisiones para asumir y cambiar su realidad en los diferentes ámbitos de la sociedad. La temática de la ciudadanía y de la democracia se entrelaza con la comunicación, en tanto y en cuanto el sistema de medios se constituye en un espacio para el debate, pero sobre todo para la visualización de las realidades y la participación de los actores plurales. De manera simultánea, mientras la política va perdiendo credibilidad, la televisión y la radio con incidencia diferente según las diferentes realidades se constituyen en los espacios donde la gente participa, donde va a denunciar, a decir, a reclamar. Los medios de comunicación se convirtieron en los últimos años en los lugares donde la gente concurre para hacer la denuncia que en otro tiempo recibía el juez o el policía, el espacio donde la realidad se legitima, pero al mismo tiempo en el lugar de la manifestación de las estéticas diferentes, de expresiones culturales, sociales y religiosas. Se genera un nexo indisoluble entre comunicación y democracia, directamente vinculado a la emergencia de lo ciudadano y de la ciudadanía como ejes de la acción política y de las prácticas de comunicación, y al mismo tiempo, a la constitución de lo público en torno a la comunicación. Hablar de ciudadanía es también hablar de luchas, de enfrentamientos, de disputas, de toma de posiciones en funciones de intereses individuales y colectivos.
Significa tomar partido a favor de algunos de esos intereses y en contra de otros. Es asumir un lugar en la lucha por el poder dentro de una sociedad (se trate de clases sociales, grupos étnicos, géneros). Es también tomar posiciones por intereses y valores y no se trata meramente de una convivencia pacífica donde cada uno reclama por los derechos que las leyes le atribuyen. Ejercer ciudadanía es dejar de ser neutrales. Es ser conscientes de la propia acción, ser conscientes de la lucha por la distribución de poderes, bienes materiales y simbólicos

El mito de las tres P

A la radio comunitaria también se le nombra como el “tercer sector”, en referencia a la composición que prevalece en la actualidad en el panorama de los medios electrónicos: está el sector de los medios comerciales con fines de lucro, el sector de los medios públicos o de Estado, que pertenecen a instituciones gubernamentales y el sector social de los medios comunitarios o ciudadanos, que ha tenido su mayor crecimiento e impulso en América Latina, especialmente en el sur del continente donde surgen a consecuencia de las dictaduras militares que hicieron estragos. Existe la tendencia a pensar que lo comunitario se relaciona con el tamaño en términos de potencia o cobertura, o a su restricción a un área geográfica limitada, por ello cuando se hace referencia a la radio comunitaria se tiende a pensar como sinónimo de radios pequeñas, de baja potencia, recluidas en algún lugar perdido de un pueblo, de quién sabe dónde.
En pocas palabras se les identifica con las llamadas características de las tres P:
Pocas.  A pesar de que existe una demanda social creciente de múltiples sectores por contar con un medio propio, hay una tendencia a limitar el acceso a frecuencias para operar medios electrónicos por parte de grupos de la sociedad civil sin fines de lucro, a quienes se les imponen condiciones técnicas o económicas casi inalcanzables, aun así cuando los grupos ciudadanos exigen su lugar en el espacio radioeléctrico, los gobiernos plantean “soluciones” como imponer una reserva de frecuencias o bien acciones para limitar su crecimiento.
Si tomamos en cuenta que el espectro radioeléctrico es patrimonio de la humanidad  y corresponde a los Estados su eficiente administración, no tendría por qué haber restricciones para que grupos organizados de la sociedad civil pudieran acceder a las frecuencias. El tema es que se asume la actividad radiodifusora como esencialmente empresarial, como una industria, por lo que se prioriza esta actividad dejando de lado o peor aún, ignorando que debe ser una actividad de servicio público que entraña la libertad de expresión y la pluralidad informativa.
¿Por qué la actividad comercial puede crecer a sus anchas y la actividad con fines sociales no puede, en la mayor parte de los casos, ni siquiera existir? ¿Quién determinó ese principio?
Ahora bien, entendiendo que el espectro radioeléctrico es un bien finito y limitado es indispensable que el Estado, como garante del bien común, desarrolle y explicite una administración racional y eficiente, en lugar de ser entendida por parte de los grupos privados del ramo, para afirmar que si crece demasiado, o participan muchos, la actividad, la industria se pone en peligro pues la competencia afectará los mercados en donde y gracias al cual, se enriquecen.
Pequeñas. Ciertamente una radio comunitaria puede ser una emisora de baja potencia en alguna localidad pequeña, pero también lo puede ser una emisora ubicada en una gran ciudad con una potencia suficiente para cubrirla.  Lo comunitario se refiere a la comunidad de intereses, así sea la comunidad de jóvenes de una ciudad o de una localidad en el campo que puede ser grande o pequeña, pues este sector está en todas partes.
Igual pasa con aquellas emisoras que cubren públicos que, aunque dispersos, tienen la misma cultura e idioma, como sucede con las emisoras indígenas o campesinas que cubren hasta 20 municipios o más. Equiparar la radio comunitaria con baja potencia, fue la salida que encontraron algunos países. Si no podían evitar su crecimiento, se les dejaría existir pero limitándolas en sus potencias y coberturas: “pequeñas para que no molesten”.
Las radios comunitarias deciden la dimensión de su potencia en función de sus objetivos y de su capacidad técnica para brindar el servicio a las comunidades, además por su capacidad económica para dar mantenimiento a la estación, pues entre más alta la potencia más altos son sus gastos de operación. Lo que en principio se defiende es la posibilidad de que las emisoras puedan, por sí mismas, determinar la potencia en la que pueden operar sin que existan condiciones restrictivas por querer pensar que lo comunitario se define por la potencia que tiene o debe tener.
Pobres. Es común pensar que una emisora con compromiso social es, por definición, una emisora pobre, con una vocación misioneraque debe resignarse a sobrevivir con donativos, dádivas y buena voluntad, sin derecho, al igual que otros, a obtener ingresoslegítimos por la oferta de sus servicios, especialmente en venta de espacios para promoción y publicidad de quien pueda pagarlos. Las emisoras comunitarias que reciben financiamiento para mantenerse al aire son privilegiadas, sin embargo, no todas tienen esa oportunidad, por lo que si se pretende brindar un servicio eficiente y de largo plazo es necesario encontrar formas de sustentabilidad.
No se trata de buscar el lucro, ese no es el objetivo ni está en su función, pero sí de generar actividades que permitan ingresos para que la radio pueda cumplir con su función de servicio y garantizar la permanencia del proyecto social. Mejorar el servicio tiene que ver con la profesionalización de la radio, la actualización y mantenimiento del equipo técnico y profesional, realización de producciones propias y de capacitación, todo esto requiere de recursos, por lo que contar con mecanismos de financiamiento es indispensable.
Aunque ciertamente las radios cuentan, por condición propia, con el trabajo voluntario de muchos colaboradores, a los que hay que capacitar, una radio no puede sólo funcionar con eso. No tienen fines de lucro, pero tampoco, fines de pérdida. Dependiendo de las posibilidades que permitan los marcos normativos en cada país, las emisoras se allegan de recursos para su operación, en este sentido, las mejores condiciones se presentan en donde se permite obtener ingresos por venta de espacios además de tener acceso a recursos públicos. Las radios comunitarias en nuestro país están a cargo de asociaciones civiles quienes por naturaleza propia no pueden tener lucro y en consecuencia, se cierra el círculo que tradicionalmente les ha impedido desarrollarse y las obliga a vivir una situación discriminatoria que les impide una operación sin sobresaltos.

La radio comunitaria en otros países

La radio con perspectiva social tiene sus antecedentes desde los años 40, pasando por diferentes estadías. En cada continente se han establecido redes nacionales e internacionales que las aglutinan, y han tomado diferentes identidades y denominaciones, en Europa se llaman radios libres, en América Latina han sido radios populares, participativas, etc.
En América Latina, la historia de las radios comunitarias se relaciona con las luchas políticas que en el continente libraron los sectores populares. Surgieron impulsadas por una vocación de denuncia o reacción ante la situación de desigualdad económica, política y social, como un espacio para la reflexión y la conciencia acerca de su condición. Surgen, además, como una alternativa comunicacional ante el modelo de radiodifusión comercial, dominante en los países de la región. En las zonas rurales proliferaron las radios católicas impulsadas por su misión evangelizadora.
Las radios mineras de Bolivia figuran entre las primeras experiencias de radios comunitarias del continente, su impulso se dio con los sindicatos mineros en los años 50, la emisora La voz de los mineros, instalada en la mina Siglo XX, defendía sus condiciones de trabajo y los intereses de los trabajadores. También las radio escuelas tuvieron un papel fundamental en los inicios de la radio comunitaria en América Latina. La radio comunitaria ha estado en estrecha relación con procesos de alfabetización, campañas sociales, de salud y con las tradiciones y la cultura popular. También con emisiones clandestinas, como en los casos de El Salvador y Nicaragua, que se escondían y cambiaban de lugar y de frecuencias para emitir información sobre sus movimientos y para llamar a la población a su causa durante las guerras de liberación. En la década de los 80, las radios llamadas “comunitarias”, “libres” o “participativas”, se sumaron a las llamadas “educativas”, “populares” y “alternativas” con el objetivo de dar voz a las mayorías excluidas del sistema político, económico y de medios. En Europa, las “radios libres” surgieron durante la década de los 70. El monopolio de los medios electrónicos en Europa estaba en manos del Estado, pero una vez que los grupos sociales descubrieron la frecuencia en FM, la utilizaron para hacer escuchar sus críticas a ese monopolio. Los jóvenes comenzaban a asumir un rol fundamental en los procesos políticos y sociales. Cuestionaron el sistema imperante en cada país y reaccionaron contra el modelo social y cultural. Las principales experiencias se  registraron en Italia y en Francia. En Italia, las radios se organizaron como cooperativas con una pequeña planta de trabajadores asalariados y un importante número de voluntarios. Radio Bologna, comenzó a emitir en 1976, apoyada por el Partido Comunista Italiano. Radio Popolare es la radio de información independiente más importante en Italia, fundada en la década del 70 como resultado de la convergencia de fuerzas de izquierda con un proyecto de comunicación popular. Aún hoy sigue transmitiendo  desde Milán operada por una cooperativa de trabajadores y colaboradores, y se ha convertido en una empresa social sumamente exitosa que transmite vía satélite a varias radios de Europa. En Francia, las radios también reclamaron la descentralización del monopolio estatal y la posibilidad de existir. La legislación actual las reconoce y también les otorga facilidades financieras por parte del estado para su mantenimiento.
En Canadá, las radios comunitarias tienen reconocimiento legal con escenarios más justos, tienen acceso a recursos públicos, venta de tiempo aire y de la cooperación nacional e internacional. La red de radios comunitarias indígena Inui incluso utiliza la tecnología satelital. La radio comunitaria ha tenido muchas denominaciones de acuerdo a su desarrollo en cada región y al contexto nacional en el que nacen, a continuación exponemos las clasificaciones, recopiladas por Rafael Roncagliolo:
• La sindical obrera ligada en Alemania de los años 20 a los sindicatos de orientación socialdemócrata, que más tarde tuvieron su repercusión en Bolivia con la Red de Emisoras Mineras y en los 80 en Brasil, con el Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo e Diadema.
• Radios Locales. Con auge en España en los años 30, se aprobaron radios con carácter local. Posteriormente en los 50, algunos gobiernos europeos autorizaron la presencia de radios con esas características (Inglaterra, Italia, Suecia, etcétera). Algunos países, como Italia, han adoptado como política la reserva de frecuencias para ser utilizadas por estaciones con un alcance muy restringido.
• Pirata. Es un término nacido en Europa, principalmente en Inglaterra, Dinamarca y Holanda. Su fórmula y propuesta radiofónica era: rock, publicidad de productos para jóvenes y un disc-jockey dinámico. Las primeras programaciones estaban sostenidas por multinacionales, con fuerte presencia de capitales norteamericanos: Ford, Lever, American Tobacco Company, etcétera. El término “pirata” trascendió el fenómeno europeo y las experiencias europeas para ser utilizado hasta nuestros días para calificar a toda radio (o estación de TV) que transmita sin autorización oficial.
Quienes más utilizan el vocablo son quienes con este adjetivo pretenden descalificar a las emisoras surgidas al margen de los sistemas establecidos, del tipo que sean.
• Libre. En las décadas de los 60 y 70, comenzó en Europa una revuelta contra los monopolios estatales de radiodifusión. En Francia e Italia nacieron las radios libres, que se extendieron posteriormente por casi todo el antiguo continente. En los años 80 quedaban muy pocas radios libres de nuevo tipo “democráticas”, como se autodenominaban para diferenciarse de las puramente comerciales.
• Educativa– Popular. Las experiencias de las radios educativas, casi todas cristianas, se extendieron por América Latina en los años 60. Cerca de medio millar de radios de este tipo surgieron en 15 países. En un primer momento dirigieron su atención a los campesinos e indígenas y en los 70 se suman también a las poblaciones suburbanas y marginadas.
• Insurreccional. Decenas de movimientos insurgentes del Tercer Mundo han utilizado a la radio como elemento de lucha. Son un tipo especial de radio que por fuera del sistema establecido se exponen a “sanciones” que van mucho más allá de la clausura o la incautación de equipos. La más famosa ha sido Radio Venceremos en el Salvador.
• Propaladora. Haciendo referencia a una característica técnica específica. Se trata de radios que se arman en torno a un sistema de bocinas unidas por cables y montadas sobre postes. Un amplificador y un micrófono completan el rudimentario equipamiento que permite una difusión de sonido de corto alcance. Estas difusoras han sido utilizadas para eventos de breve duración, aunque en algunos casos han tenido un carácter permanente.
• Trucha. El vocablo proviene del lunfardo rioplatense. “Trucho” significa, en la jerga popular, falsa, de poca calidad. Las primeras radios surgidas fuera del sistema establecido en la Argentina fueron denominadas popularmente con este término. La experiencia pionera nació a mediados de los años 80. La marginación llevó a uno de ellos a armar su transmisor, de ahí que cada radio que tenía un transmisor de fabricación casera le nombraba “trucha”.
• Rural. La existencia de la radio rural en África data de los años 60. En términos generales, sus objetivos son casi idénticos de un país a otro. La radio rural tiene encomendado el tratar el tema del desarrollo, difundir la cultura local, y transmitir las políticas gubernamentales. Esta definición puede aplicarse a casi todas las emisoras en zonas rurales en los países desarrollados y en desarrollo.
• Indígena – Aborigen. Históricamente las poblaciones indígenas han tenido muchas dificultades para acceder a los medios de comunicación. En algunos países, como en México, es importante establecer la diferencia entre radios indigenistas y radios indígenas. Las primeras, aunque tienen un perfil comunitario, son medios de Estado y no cumplen con la condición de propiedad colectiva ciudadana, las segundas son medios operados y dirigidos por grupos indígenas, sin intermediación del Estado y con autonomía en su proyecto.
• Comunitaria. El nombre resalta la idea de comunidad y destaca el valor democrático de “poner en común”. La expresión “radio comunitaria”, es quizá la de mayor elaboración teórica, pues sus miembros se preocupan permanentemente por redefinir las características que hacen comunitaria a una radio.
• Ciudadana.  En los años 90 empieza a desarrollarse la radio ciudadana, que se define así en la medida en que su misión se relaciona directamente con el ejercicio de los derechos ciudadanos. En América Latina, el reconocimiento explícito de las radios comunitarias en los marcos legislativos es muy reciente. Muchas de las que existieron desde 1947, lo hicieron utilizando la misma forma jurídica de la radio comercial, pero con una lógica comunitaria Recién en 1995.
Las radios comunitarias son entendidas como medios “participativos y pluralistas, orientados a satisfacer necesidades de comunicación en el municipio objeto de su cubrimiento y a facilitar el ejercicio de los derechos a la información y la participación de sus habitantes, de manera que se promueva el desarrollo social sostenible, la convivencia pacífica, los valores democráticos, la construcción de ciudadanía y la identidad cultural”.  Se trata de “organizaciones sociales fuertes, con absoluta vocación de servicio a la comunidad, sin ánimo de lucro pero sólidas desde el punto de vista financiero, y con un nivel de funcionamiento acorde a la tecnología que exige el sector de las telecomunicaciones”.




















II.                RADIOS COMUNITARIAS Y CIUDADANAS EN LA REALIDAD CULTURAL Y SOCIAL

Las radios comunitarias y ciudadanas están insertas en los procesos culturales, sociales y políticos de la región. Ellas son, a la vez, artífices y consecuencia, de estos procesos, de la misma manera que los actores comprometidos en las radios participaron y participan de otros espacios del movimiento social.

Si los problemas sociales y de identidad se han acentuado, es gracias a la propia ausencia de representatividad e integración, sobre todo, a su disminuida capacidad de interpretación real de los problemas de los sectores sociales que participaban de ellos, no es menos cierto que también han ido surgiendo en el continente movimientos sociales y grupos de presión, con otras tendencias en el entendimiento y la práctica de la política. Movimientos que no se proponen el objetivo explícito de la toma del poder en que se había formado una buena parte de los militantes en décadas anteriores, sino más bien grupos que se concentran alrededor de micro luchas y de relaciones mucho más horizontales y menos rígidas, campañas que buscan movilizaciones sociales donde quepan más personas y se pongan en movimientos otras solidaridades

En este movimiento, que sitúa a los medios de comunicación en medio del escenario público desplazando incluso a los partidos políticos, se inscribe también el auge de las radios comunitarias y ciudadanas. Por razones que no son del caso analizar aquí, las organizaciones políticas no acompañaron los procesos de participación que se generaron después de las dictaduras militares y de la represión violenta. La representación histórica de los políticos y de los sindicatos fue perdiendo significación. Asistimos entonces a dos fenómenos simultáneos. Por un lado, a la emergencia de un nuevo concepto de ciudadanía, que implica maneras diversas y plurales de participación social de los ciudadanos. Hay nuevos escenarios políticos, pero también otras maneras de involucrarse y de participar en los mismos. La ciudadanía se insinúa como un territorio de lo común en lo plural, que ayuda a superar la fragmentación social y política.
Hay cambios también en los roles que juegan los diferentes actores, el Estado, el mercado, el Tercer Sector, la sociedad civil en general. La cuestión democrática no se agota en una geografía política. Tiene que ver con la realización de los derechos y con la negación de todas las formas de discriminación. Si hay exclusión no existe democracia. Las organizaciones políticas tradicionales dejaron de acompañar la efervescente participación posterior a las dictaduras militares.
La representación histórica de partidos políticos, sindicatos, centros estudiantiles, se fue lamentablemente degradando. Este fue uno de los motivos para el desplazamiento del campo de lo político al campo de la comunicación en su sentido más amplio.

La temática de la ciudadanía y de la democracia se entrelaza con la comunicación, en tanto y en cuanto el sistema de medios se constituye en un espacio para el debate, pero sobre todo para la visualización de las realidades y la participación de los actores plurales. De manera simultánea, mientras la política va perdiendo credibilidad, la televisión y la radio -con incidencia diferente según las diferentes realidades- se constituyen en los espacios donde la gente participa, donde va a denunciar, a decir, a reclamar. Los medios de comunicación se convirtieron en los últimos años en los lugares donde la gente concurre para hacer la denuncia que en otro tiempo tendría que haber recibido el juez o el policía, en el espacio donde la realidad se legitima, pero al mismo tiempo en el lugar de la manifestación de estéticas diferentes, de expresiones culturales, sociales, religiosas.

Se genera un nexo indisoluble entre comunicación y democracia, directamente vinculado a la emergencia de lo ciudadano y de la ciudadanía como ejes de la acción política y de las prácticas de comunicación y al mismo tiempo, a la constitución de lo público en torno a la comunicación.

Como parte integral de estos cambios se hace necesario reconocer también el surgimiento de una "integrativa" de lo cultural, no meramente como una derivación y consecuencia de lo social, sino como un espacio con valor en sí mismo donde lo masivo adquiere importancia y donde la pluralidad de voces, de actores y la diversidad constituyen una riqueza que se pone en evidencia. Es, al mismo tiempo, la etapa de recuperación de la fiesta y de la celebración. Progresivamente se fue avanzando hacia una mirada donde cultura y comunicación se constituyeron en dos dimensiones claves de la vida cotidiana hasta el punto que, tal como lo afirma Rosa María Alfaro, que "hacer comunicación significa involucrar la dimensión cultural, anotando asociaciones profundas. Y se hace cultura con ella". El fenómeno de las radios comunitarias y ciudadanas de los años ochenta y noventa se ubica, en consecuencia, en el marco de este proceso.

Las Radios Comunitarias y Ciudadanas adquieren un perfil más claro, más definido, como resultado de su propia trayectoria y desarrollo, pero también a partir de una nueva ubicación de los medios como referentes en la sociedad. No porque los medios tengan poder propio, sino porque se convierten en el espacio de articulación de lo social, de lo político y de lo cultural. En la gestación del fenómeno inciden, sin embargo, una serie de factores que se podrían resumir de la siguiente manera.

·         El abaratamiento de los costos tecnológicos y el acceso a nuevas formas de emitir;
·         La crisis de los sectores de delegación y representación política clásica, como pueden ser los partidos y los sindicatos;
·         Una nueva conciencia sobre los medios, como un espacio de articulación de lo público;
·         La necesidad creciente de expresión de las mayorías y minorías sin acceso a medios de comunicación. Reivindicación del derecho a la comunicación, de libre expresión de ideas, de difusión de información.

La radio ciudadana, constituida es una de las nuevas instancias de representación y de participación, recibe también el impacto de los cambios profundos que están ocurriendo en la sociedad y está obligada a doblar sus esfuerzos y a pensar otra vez sus estrategias. Ya no se trata sólo de denunciar a la democracia formal que rige en muchos países de América Latina. El desafío es asumir a los mecanismos democráticos como verdaderos instrumentos de transformación y cambio social, de construcción de una organización social más justa.

Radio Ciudadana y Tercer Sector

La sociedad, entendida como el sistema de relaciones entre los hombres y las instituciones y que sirve como marco para establecer las regulaciones de convivencia entre las personas, puede dividirse en primera instancia entre Estado y sociedad civil. El primero es el espacio institucional que asume, a través de instituciones y normas consensuadas por el conjunto, la representación de todos los ciudadanos y establece las normas y regulaciones para la convivencia social. El ámbito de la sociedad civil es un espacio plural, con reglas de juego cambiantes, donde interactúan actores diversos y plurales, institucionales e individuales.

Sin embargo, a partir de la conformación de sus propios intereses y finalidades, y a los efectos de su comprensión, se puede dividir a la sociedad en tres espacios o ámbitos bien diferenciados, con lógicas, funcionamiento, actores y roles específicos. El Estado, el mercado y el Tercer Sector son ámbitos que, si bien están estrechamente relacionados, tienen cada uno de ellos características que los diferencian.

Tanto el mercado como el Tercer Sector se ubican dentro de lo que llamamos la sociedad civil. Un medio de comunicación puede pertenecer a cualquiera de los tres ámbitos.

El Estado cumple una función esencial de regulación y servicio. El mercado, en cambio, persigue ante todo objetivos de lucro, aunque esto no descarte totalmente la función de servicio. El Tercer Sector se define como el ámbito no lucrativo de la sociedad civil, está compuesto por organizaciones localizadas fuera del aparato formal del Estado que no tienen como razón última la acumulación de beneficios económicos, sino que ponen los recursos económicos obtenidos al servicio del logro de sus objetivos político-culturales y sociales.  Las radios comunitarias y ciudadanas se ubican prioritariamente en el Tercer Sector, si bien existen experiencias de radios comunitarias dentro del Estado y aún algunas que responden a una lógica de mercado.
Las radios comunitarias de propiedad del Tercer Sector comparten con el Estado la responsabilidad común derivada del carácter público de sus fines y la característica de la condición no lucrativa de sus actividades. A diferencia de las radios estatales, las radios comunitarias del Tercer Sector pertenecen a grupos privados o instituciones sociales y sus tareas son desarrolladas por personas que se comprometen a tal fin de manera rentada o voluntaria.

Respecto de los medios comerciales que se ubican dentro del espacio del mercado, las radios comunitarias y ciudadanas se diferencian porque mientras los primeros persiguen objetivos particulares directamente relacionados con la obtención de dividendos o ganancias, estas últimas persiguen fines públicos y no lucrativos. Hay sin embargo coincidencias: tanto los medios comerciales como aquellos que pertenecen al Tercer Sector llevan adelante formas de gestiones autónomas e independientes del Estado.

En el espacio que llamamos Tercer Sector de carácter no lucrativo podemos reconocer a las asociaciones de servicios a terceros, de auto beneficio, educativas, religiosas, políticas, sindicales y organismos no gubernamentales (ONG's). Estas instituciones cobran formas de partidos políticos, asociaciones vecinales, asociaciones profesionales, organizaciones de formación, medios de comunicación comunitarios, sociedades de beneficencia, agrupamientos de sectores excluidos como homosexuales, pueblos originarios, desocupados, para mencionar tan sólo algunos de una lista que puede ser mucho más extensa.

En el marco de la vida social el sector público estatal, el sector privado comercial y el Tercer Sector, no lucrativo y no gubernamental, coexisten e interactúan permanentemente entre sí, estableciendo un entramado de relaciones sociales, de juego de intereses, de pugnas, de conflictos, de juegos y de relaciones de poder.

La construcción de la democracia plantea la necesidad de un juego equilibrado de los actores sociales, a partir del principio básico del reconocimiento de la igualdad de las personas y la posibilidad de la participación. En esta lógica se instala el concepto de ciudadanía, como ejercicio de la pertenencia a una colectividad a partir del reconocimiento de la individualidad que marca la diversidad.

La posibilidad del ejercicio ciudadano tiene un principio básico que es la igualdad frente a la ley, es decir, ser reconocidos como sujetos plenos. Dicha igualdad no está fundada en principios éticos ni religiosos sino en principios contractuales (de pactos y acuerdos) de pertenencia a una colectividad que, por medio del Estado, regula su convivencia y traza metas y destinos comunes. La dimensión cultural o subjetiva de la ciudadanía, se refiere precisamente al grado de pertenencia y vinculación del individuo con una comunidad de iguales y el reconocimiento de los otros como parte de esa misma cohesión. Son las dos caras de una misma medalla: pertenencia y reconocimiento tienen como tarea central la construcción del interés público.

No se puede pensar en una sociedad verdaderamente democrática sin una participación activa del Tercer Sector, sin la organización de los ciudadanos en instituciones que los conviertan en actores sociales activos con capacidad de negociación y de toma de decisiones. Una democracia sin un Tercer Sector organizado es una democracia delegativa en la que los ciudadanos son tales en el momento de elegir autoridades, pero carecen de participación en la construcción social.

Son precisamente las organizaciones del Tercer Sector las que introducen una lógica que no es la del Estado ni la del mercado sino cercana a las necesidades, derechos y también obligaciones de los diferentes grupos que conforman la sociedad civil.

Es importante tomar en cuenta que el Tercer Sector no es único ni uniforme, es múltiple en las agendas, en las formas de organización, en los actores sociales y en las identidades colectivas (de género, de generación, de sexualidad). Por lo tanto no es un sector exento de conflictos, diferencias y desigualdades, ni es un sector autónomo de los otros dos. La dimensión estatal está presente (en las leyes que lo regulan o en las obligaciones cívicas) y el mercado lo atraviesa configurando dentro del Tercer Sector nuevas áreas con sus propias lógicas.

Todas estas interacciones se encuentran en las radios comunitarias y ciudadanas en tanto organizaciones civiles no mercantiles, con fines públicos (formulados de manera diferente y específica según cada una de ellas).

Las Radios Comunitarias y Ciudadanas se definen como medios de comunicación que asumen un lugar en la construcción democrática en relación con los demás actores sociales.

¿Qué quiere decir “No lucrativo?

Una de las características que distingue a las organizaciones del Tercer Sector consiste en su carácter no lucrativo. Esto significa que los beneficios económicos que eventualmente se obtengan de las actividades no pueden ser apropiados por sus productores, es decir que no generan patrimonios particulares. Los excedentes son reinvertidos en los medios para la producción de los fines estipulados y los bienes producidos deben ser de consumo colectivo.
"No lucrativo" no significa perder, ni tampoco no ganar.
"No lucrativo" no quiere decir regalar, ni quiere decir subsidiar.
"No lucrativo" quiere decir que no se privatizan las utilidades, que los recursos que genera la organización pertenecen a la organización y se destinan a su desarrollo, es decir, al cumplimiento de sus objetivos.

Pero lo deseable es que en el sector no lucrativo todas las instituciones tengan utilidades, sean rentables y sostenibles. Una empresa social puede y debe tener logros, generar ingresos, poder financiarse.

El principal objetivo de las organizaciones es cumplir con sus funciones sociales y para ello es necesaria la rentabilidad. Las radios ciudadanas deben estar en el aire cotidianamente y eso implica encontrar los mecanismos de financiamiento que, sin perder de vista sus objetivos sociales, les permitan funcionar adecuadamente.

"Necesitamos dinero para vivir, aunque no vivamos para el dinero". Las radios ciudadanas deben generar los recursos necesarios para desarrollar de manera adecuada sus objetivos, con la característica de que se trata de recursos privados destinados a usos públicos.

¿Por qué hablar de Radios Ciudadanas?

En nuestras sociedades los medios de comunicación ha absorbido buena parte del debate que ocurre en torno a los asuntos públicos e incluso de los asuntos privados, siendo una representación o puesta en escena de éstos. Este es el marco en el que se definen hoy en día las radios comunitarias y ciudadanas, cumpliendo un servicio a favor de la sociedad y de su construcción.

Las Radios Comunitarias y Ciudadanas son espacios de recomposición del tejido social, son lugares de representación de diferentes identidades culturales y de construcción de la democracia. Por otra parte, mediante el acceso y la participación en los medios, los ciudadanos pueden ejercer ciudadanía al hacer uso de la libertad de expresión y al acceder, a través de ellos, al espacio público.

Es importante tomar en cuenta que hoy en día los medios pueden ayudar a la construcción de ciudadanía orientada hacia la consolidación de una sociedad democrática y en ello juegan un papel prácticamente insustituible. Sin embargo, no habría que perder de vista que "los medios no tienen poder por sí mismos, sino en la medida que están muy articulados con la producción social, cultural y política de una sociedad. Ellos echan a circular sentidos que no los inventan, ya están, sólo los transforman. Pero a la vez, los medios están en el corazón de la producción cultural actual y las maneras de comunicarse, procesándose cambios.

Los medios de comunicación en general están vinculados con el ejercicio de la ciudadanía en varios aspectos. Ejercen ciudadanía porque hacen uso de la libertad de expresión y porque participan del espacio público. Al mismo tiempo, funcionan como controladores de las instituciones y ejercen presión sobre ellas.

La "ciudadanía" es una dimensión que atraviesa todas las prácticas de los individuos insertos en una sociedad, sin restringir la participación a los momentos electorales. Lamentablemente en la mayoría de nuestros países se cayó en el reduccionismo de entender la democracia sólo como la política y ésta como el ejercicio del sufragio.


La ciudadanía se ejerce cada vez que se vota pero también en cada interacción con el Estado, en la participación en la toma de decisiones que afectan al individuo o al grupo de pertenencia, en la defensa de intereses comunes, en el cumplimiento de las obligaciones civiles, en el reclamo por los derechos sociales incumplidos.

El ejercicio de ciudadanía es un proceso de aprendizaje al que contribuyen las diferentes instituciones presentes en la sociedad, entre ellas los medios de comunicación. Desde un medio de comunicación siempre se construye ciudadanía: se puede ayudar al fortalecimiento de una ciudadanía activa y participativa o se puede fomentar una ciudadanía pasiva vinculada únicamente con el consumo. Es aquí donde las radios comunitaria fomentan su accionar, como espacios de participación abierta y como centros de empoderamiento de la sociedad civil en base a sus necesidades y a lo particular de su accionar comunitario.

Las empresas comerciales de medios de comunicación construyen audiencias que participan sólo a través del consumo y, en algunos casos, a través del acceso al debate o a la posibilidad de la queja. Se homologa ciudadanía con audiencia y participación con consumo. Otras instancias de participación social están debilitadas o ya no tienen capacidad de representación y convocatoria. En este contexto los medios de comunicación asumieron este lugar social pero se corre el riesgo de que se conviertan en instituciones sustitutas de distintas funciones. La diferenciación con las radios comunitarias se basa a las facultades participativas que están brindan, no se trata solo de escuchar y callar, sino más bien de establecer la agenda pública desde el sentir propio, desde los cuestionamientos comunitarios y las necesidades originales.

No es función de las radios sustituir aquellas esferas de la vida política y social a las que los ciudadanos no tienen acceso real a través de otras instancias. La radio comunitaria y ciudadana es un ámbito para el ejercicio de la ciudadanía en tanto forma de organización ciudadana autogestionaria y autónoma, expresión de intereses colectivos político-culturales en el marco de un proyecto comunicacional, en el cual un grupo de personas hace uso de sus derechos a la comunicación y a la expresión.

La radio ciudadana también se caracteriza por ser un medio de comunicación que ayuda al ejercicio de la ciudadanía por parte de la comunidad en la que se inserta. De acuerdo a sus misiones las radios contribuyen al ejercicio de la ciudadanía, aportan a su construcción cotidiana y a la extensión de su ejercicio a todos los sectores sociales. En la base de sus objetivos está la democratización de las comunicaciones, porque de esta manera se contribuye a la democratización de la sociedad.

Toda acción destinada a democratizar el acceso y la participación en los medios de comunicación implica una acción sobre el conjunto de la sociedad. La libertad de expresión se afirma sobre la justicia social y constituye la mejor garantía de la democracia. "Nuestra comunicación está en función del desarrollo", desarrollo económico, social, cultural y de la calidad de vida. La participación ciudadana en un medio de comunicación no anula las desigualdades sociales, su función es insertarse en otras acciones colectivas con el objetivo de ayudar a la construcción de una sociedad democrática.



Es importante tomar en cuenta, sin embargo, que no existe una sola y única experiencia de radio ciudadana. Hay diversidad de experiencias que pueden enmarcarse bajo el mismo título y que responden a trayectorias, procesos y características distintas. Respetando estos criterios básicos que tienen que ver con la promoción de la participación y la construcción de la democracia a partir del derecho a la comunicación, las respuestas se concretan y se diversifican a tal punto que adquieren, cada una de ellas, particularidades muy concretas.
El universo de las radios ciudadanas se enriquece con la diversidad de propuestas, de experiencias, de estéticas. No hay tampoco una sola posición ideológica o política. El ejercicio de la ciudadanía y, en concreto, la práctica de las radios ciudadanas habla de la pluralidad de puntos de vista, de posiciones políticas, ideológicas o religiosas. Desde esta diversidad se trabaja para garantizar el derecho de todos y cada uno a expresarse y a manifestar sus propias convicciones, aportando desde allí a la construcción común.

La Radio en la construcción de la ciudadanía

En el contexto de emergencia de la sociedad civil y del protagonismo creciente de las instituciones que se mueven en ese espacio (organizaciones vecinales, acciones reivindicativas locales y nacionales, organismos no gubernamentales de carácter transformador) la comunicación comunitaria, y las radios comunitarias y ciudadanas en particular, han ido ganando protagonismo y reconocimiento.

No sin dificultades -que son similares a las que se enfrentan en otros niveles cuando se intenta promover estrategias de redes sociales- la radiodifusión comunitaria ha encontrado estrategias que le permiten, no sólo sobrevivir, sino formas de consolidar su presencia, de generar nuevas audiencias, de ser vehículo de participación. La tarea permanente de poner en el aire otras voces y otras noticias, la preocupación por generar otro tipo de consensos y disensos, por recuperar el sentido de la fiesta y por facilitar el desarrollo de diferentes culturas, consolida los logros y establece nuevos objetivos para las radios comunitarias y ciudadanas. El ejercicio de la ciudadanía consiste en la participación real y activa de las personas en la construcción de la sociedad y en su transformación. Se realiza a partir de la asunción de los deberes y derechos formales para incorporarlos a la vida cotidiana en todos los terrenos políticos, económicos y culturales.

La ciudadanía implica reivindicar a los sujetos individuales y colectivos frente a los poderes. Ser sujetos significa también tener derechos y obligaciones. "Cuando hablamos de deberes y derechos, hablamos de la capacidad de ser sujeto de un determinado ámbito, de llegar a controlar o decir algo sobre los instrumentos que definen los procesos de ese campo".
Ser sujetos es incidir en la toma de decisiones para dejar de ser objeto de ellas. Coincidentemente con la capacidad de las Radios Comunitarias para aspirar a ser protagonistas del desarrollo local desde un posicionamiento más allá que expectante, tomando la dirección adecuada para procesar las alternativas de solución frente a la problemática que se vive.

La organización de la sociedad civil conlleva la descentralización del espacio público y la distribución más equitativa de los poderes. El poder de la voz, de ser escuchados y de transmitir – en el pleno uso de nuestra libertad- la realidad social de nuestras comunidades y el involucramiento en estos procesos, es base fundamental del que hacer radial. Del mismo modo se entiende la pertenencia en la construcción de una esfera pública, que no es un espacio cerrado y con límites permanentes, sino más bien es un campo dinámico con relaciones cambiantes. Las organizaciones de la sociedad civil contribuyen a expandirlo, a abrirlo, a descentrarlo.

Las radios comunitarias y ciudadanas hacen propia la lucha por los derechos humanos. El objetivo será extender el ejercicio de la ciudadanía a todos los sectores sociales para que, por un lado, los derechos y obligaciones ciudadanos no sean patrimonio de ciertos sectores (urbanos, clase media) y, por el otro, no sean un conjunto de abstracciones. Es decir, para que los sujetos sociales asuman la dimensión cotidiana del compromiso colectivo y descubran la importancia ética, política y social que tiene el ejercicio comprometido de los derechos ciudadanos. Esta re-valorización de la democracia, y de las esferas de acción que competen a cada individuo, es una tarea a realizar.


CONCLUSIONES


Nuestras emisoras compiten desde otra forma de masividad. Su popularidad se basa en lo que permanece y ancla en las raíces de la experiencia social, de la realidad y de los deseos que parten de la diversidad de identidades. Por ello su programación sólo puede legitimarse si la audiencia las reconoce como expresión de sus inquietudes, de sus gustos e intereses.

Para poder ser competitivos con las opciones de comunicación del sistema, nuestros equipos de trabajo necesitan tener tiempos para dar paso a la creatividad. Ser creativos en la gestión comercial de una radio o de un programa y también en la programación de la emisora o en los formatos y contenidos. Esto implica cumplir con las reglas de eficacia del medio radial: hacer programas que respeten lo básico de los géneros formatos que la audiencia - a la que queremos llegar - ya reconoce como habituales. Así como también generar nuevas propuestas y nuevos hábitos que constituyan la audiencia para hacer que esta crezca en número y en participación.

Estamos ante el desafío de encontrar-crear una audiencia propia para los medios ciudadanos. Abandonando la pequeña experiencia autosuficiente, buscamos ahora la manera de renovar la programación de nuestros medios para una nueva comunicación.

El desafío será no solo transmitir un discurso contra hegemónico sino ser protagonistas de una práctica política que cuestione el actual consenso. No alcanza con que existan "oyentes enojados con los medios del sistema" accedan a las radios para que hagan uso de sus micrófonos. El barrio, la vecina, el representante de la institución intermedia, ocuparon un lugar en los medios comunitarios para expresar sus reivindicaciones y eso es ampliamente valorado.

Dice Rosa María Alfaro: "Placer y utilidad son las dos claves de la recepción". Si el desarrollo se conecta con ellos "tiene más capacidad educativa que el retrato racionalizado de una realidad deprimente, oscura y sin salidas".

El poder de los medios se basa "menos en la imposición que en el convencimiento, la seducción o la utilidad". Aparece entonces la necesidad de conocer al receptor, sus demandas y placeres.

La función de las radios comunitarias y ciudadanas no está sólo dada por la intervención en lo que estrictamente llamamos política o economía o desarrollo social. Nuestras radios son un instrumento para el desarrollo, son un medio. Pero también son un fin a través del cual se contribuye al desarrollo desde lo simbólico, desde lo lúdico, desde el abrir el micrófono al entretenimiento, el humor, la variación de ritmos y sonidos.
Para consolidar estas propuestas, que ya están en marcha en muchas de las radios es necesario saber ubicar nuestra programación en el mercado sin supeditarse a él. Constituir la programación a partir de las audiencias. Y para ello hay que conocerlas de manera sistemática. Para ello existen metodologías que saben desarrollar los profesionales que a ello se dedican y a las que hemos hecho referencia en este manual.

La audiencia es abierta a propuestas nuevas. Pero es exigente respecto de la calidad y la coherencia de lo que recibe. Aunque muchos opinen lo contrario. La audiencia, si conoce los objetivos político/culturales, comunicacionales y empresarios de las radios comunitarias y ciudadanas, exigirá que la propuesta sea coherente con ello. La audiencia no repara en criticar desprolijidades en el aire, no duda en expresar si lo que escucha le gusta o no le gusta, si lo informan o no. El público no está vacío de sentidos y tiene capacidad para discernir. Para que una propuesta nueva o recreada sea celebrada por nuestro público hay que articular nuestras opciones con los de la audiencia. Competir con los grandes medios significa ofrecer alternativas periodísticas y estéticas capaces de establecer un fuerte lazo con las identidades locales.


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